La bicicleta del futuro
Andar en bici sin pedalear es la idea. Pronto se podrá con la ayuda de células recargables de hidrógeno. La idea surgió en Gelsenkirchen, a pocos cientos de metros del estadio, uno de los 12 escenarios del campeonato mundial de fútbol de Alemania 2006, donde se trabaja para la movilidad del futuro.
Pequeñas células móviles de hidrógeno se instalan en bicicletas normales o triciclos de carga y se encargan de convertir la vieja "bici" en un medio de transporte moderno. Al menos esto es lo que tiene previsto la empresa Masterflex. Desde 2003, una célula de hidrógeno desarrollada por esta empresa de Gelsenkirchen se está probando para su posible inserción en el nuevo avión Airbus A380. La técnica, utilizada entre otros lugares en la astronáutica y la propulsión de submarinos, está considerada una energía de futuro respetuosa del medio ambiente. El principio elemental de la célula de combustible fue descubierto ya hace más de 160 años: hidrógeno que se convierte en corriente eléctrica y calor a través de una reacción electroquímica controlada. En el proceso no se producen sustancias nocivas.
En la búsqueda de una bicicleta apropiada se hizo especial hincapié en que tuviese un aspecto deportivo, cuenta el productor Schulte. Se eligió finalmente al fabricante suizo Swizzbee. "La célula de combustible será en el futuro un accesorio más de la bicicleta, como el asiento o el timbre", desea Schulte. Con un precio de varios miles de euros, la bicicleta con propulsión de células de combustible no sería de ningún modo un producto barato.
Andar sin sudar, ése es el lema. Ya nadie deberá temer ir a una reunión de directorio con manchas de sudor bajo las axilas. Gracias a la nueva técnica, el alcance de una carga del acumulador da, según el modelo, para entre 120 y 250 kilómetros. Esto es mucho más que el trayecto que pueden hacer las bicicletas eléctricas tradicionales que hay actualmente.
Durante el Mundial de fútbol Alemania 2006 se emplearán como medio de transporte para publicidad. Equipadas por ejemplo con enormes botellas de gaseosas circularán por el centro de las ciudades en las que se disputará el Mundial y darán vueltas alrededor de los estadios.
lunes, enero 23, 2006
domingo, enero 22, 2006
Grandes bibliotecas digitales y virtuales del mundo
Por Carolina Gruffat, con la colaboración de Mónica Klibanski, de Educ.ar
Las bibliotecas más prestigiosas del mundo tienen su correlato en el mundo digital, donde los formatos impresos se presentan junto a otros multimedia -como audio o video- que los complementan, y que están asociados a otro modo de producción, organización, distribución y apropiación de la información. Sin embargo, lo que habitualmente llamamos bibliotecas digitales se distinguen de las virtuales, que abren un nuevo mundo de servicios en línea, adaptados a las demandas de los usuarios.
En un principio fueron las bibliotecas electrónicas, que permitieron acceder a la información en formato digital, con todas las ventajas que esto supuso en el acceso pero sin desarrollar otras potencialidades de lo virtual. Las bibliotecas digitales o virtuales, entendidas como un entorno fueron un desarrollo bastante posterior, y llegaron de la mano de proyectos que buscaron reunir colecciones de libros, servicios y personal especializado.
En esta nota recorremos la evolución de las bibliotecas digitales, a la luz de algunos casos paradigmáticos; y comentamos algunas de las principales modificaciones que éstas introducen en los distintos momentos de la gestión del conocimiento: la organización, comunicación o difusión, almacenamiento, búsqueda, filtrado o selección, y reutilización de la información.
De la posesión al acceso a la información
El soporte digital proporciona un complemento a otros modos tradicionales de preservación y difusión de la información, cumpliendo una función de almacenamiento o de conservación del conocimiento nada desdeñable frente a la masa de producción editorial de hoy en día. Un estudioso de estos temas, José Antonio Millán, señalaba hace ya unos años que “el texto digital, esa materia extraordinariamente fluida, puede viajar por todo el mundo, tiene un coste de duplicación prácticamente de cero y además permite una asombrosa adaptación al lector”.
Sin embargo, el concepto de biblioteca digital o virtual –por el momento, los tomaremos como sinónimos- incluye una valor añadido: amplía la capacidad de búsqueda y recuperación de la información. De aquí se deriva la importancia de los llamados metadatos –o datos sobre los datos- para facilitar el acceso a la información. El problema que antes estaba en la posesión de la información se ha desplazado al acceso a la misma y al diseño de mejores sistemas de gestión de los recursos digitales.
Bibliotecas digitales y bibliotecas virtuales
Como un buen ejemplo de las bibliotecas digitales pueden mencionarse la galería online de la Biblioteca Británica, que cuenta con recursos multimedia disponibles sólo en el formato web, como la libreta de anotaciones de Leonardo y el diario musical de Mozart. En este sentido, pueden interpretarse también proyectos como el de Google y Yahoo, de conformar una biblioteca digital, o más recientemente el de la Biblioteca Nacional de Francia, que curiosamente han centrado el debate de los medios y de los especialistas en la amenaza que supone la digitalización para los derechos de autor, desplazando por ejemplo el tema de los nuevos servicios que puede brindar una biblioteca virtual.
Aunque hay que hacer algunas salvedades: la reciente compra del sitio Del.icio.us por parte de Yahoo! es un buen ejemplo para ver cómo el futuro de la web –y de las bibliotecas virtuales- va a depender cada vez más del crecimiento de las redes sociales y la participación de los usuarios en la creación y el manejo de los contenidos.
Ahora bien, la incorporación de recursos en varios formatos, actualizados periódicamente, no necesariamente incluye la incorporación de nuevos servicios, en los que el elemento humano -por llamarlo de alguna manera- intervenga de modo directo y simultáneo. Es en este punto donde se torna útil señalar algunos matices entre el concepto de biblioteca digital y el de biblioteca virtual.
Ateniéndonos a las definiciones que proporciona ODLIS, la versión online del diccionario especializado en bibliotecología y ciencias de la información, de Joan M. Reitz, una biblioteca virtual contiene colecciones que no están impresas o de modo tangible, pero sobretodo se caracteriza porque brinda servicios sólo en línea, como la Biblioteca Virtual de Colorado en Estados Unidos. En estos casos es más patente la existencia de esa cuarta pared, que propicia la inmersión del usuario en el espacio virtual, creándole la ilusión de que está dentro de una biblioteca.
El derecho propio de lo virtual
Contra la idea de que el contenido o la información serán los mismos, sin importar el formato en el que se encuentren, la noción de biblioteca virtual parte del reconocimiento de las limitaciones y potencialidades propias del entorno digital. Incorpora servicios en los que interviene el elemento humano de modo simultáneo, y aprovecha la respuesta de los usuarios para organizar la información.
El carácter abierto de la biblioteca virtual, que se ha conectado a la red y se ha desligado definitivamente de su modelo físico –aunque lo virtual tiene su propia materialidad física-, viene a coronar una evolución histórica. En esta línea, pueden interpretarse también las articulaciones entre los recursos de una biblioteca y otros eventos de la cultura, de lo que es un buen ejemplo la red de bibliotecas municipales de Barcelona, que integra a las bibliotecas en el circuito cultural de la ciudad.
Cabe esperar que herramientas de investigación sobre las prácticas culturales, como el Sistema Nacional de Consumos Culturales -SNCC-, recientemente creado en nuestro país, proporcionen los insumos necesarios para la formulación de políticas locales que articulen a largo plazo las diversas prácticas culturales.
Algunas de las principales bibliotecas digitales del mundo (ordenadas alfabéticamente):
Alemania, Die Deutsche Bibliothek
Argentina, Biblioteca Nacional de Argentina
Australia, National Library of Australia
Bélgica, Bibliothèque Royale de Belgique
Brasil, Fundaçao Biblioteca Nacional
Canadá, Bibliothèque Nationale de Quebec
Canadá, National Library of Canada
Chile, Biblioteca Nacional de Chile
Cuba, Biblioteca Nacional José Martí
España, Biblioteca Nacional de España
Estados Unidos, Library of Congress
Estados Unidos, National Library of Education
Francia, Bibliothèque Nationale de France
Holanda, Koninklijke Bibliotheek
Israel, Jewish National and University Library
Italia, Biblioteca Nazionale Centrale di Roma
México, Biblioteca Nacional de México
Reino Unido, The British Library
Rusia, National Library of Russia
Vaticano, Biblioteca Apostolica Vaticana
Otras bibliotecas del mundo en http://exlibris.usal.es/bibesp/
Catálogo de bibliotecas digitales vinculadas a la temática de educación, de la OEI
Otros recursos:
Base de datos bibliográfica, especializada en temas educativos (en inglés), producida por Institute of Education Sciences -IES-: Education Resources Information Center -ERIC-
La catalogación, necesaria pero insuficiente. Todo proceso de digitalización comienza con la elaboración de un catálogo, que deberá actualizarse periódicamente, y se completa con la trascripción de las obras de referencia, libros y otras publicaciones. Frente a la carencia de técnicas y métodos estándares de digitalización, en mayo del año pasado la UNESCO y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) editaron un módulo de formación en CD-Rom, para enseñar a los bibliotecarios y a las personas no especializadas cómo digitalizar documentos y publicarlos en línea.
Por Carolina Gruffat, con la colaboración de Mónica Klibanski, de Educ.ar
Las bibliotecas más prestigiosas del mundo tienen su correlato en el mundo digital, donde los formatos impresos se presentan junto a otros multimedia -como audio o video- que los complementan, y que están asociados a otro modo de producción, organización, distribución y apropiación de la información. Sin embargo, lo que habitualmente llamamos bibliotecas digitales se distinguen de las virtuales, que abren un nuevo mundo de servicios en línea, adaptados a las demandas de los usuarios.
En un principio fueron las bibliotecas electrónicas, que permitieron acceder a la información en formato digital, con todas las ventajas que esto supuso en el acceso pero sin desarrollar otras potencialidades de lo virtual. Las bibliotecas digitales o virtuales, entendidas como un entorno fueron un desarrollo bastante posterior, y llegaron de la mano de proyectos que buscaron reunir colecciones de libros, servicios y personal especializado.
En esta nota recorremos la evolución de las bibliotecas digitales, a la luz de algunos casos paradigmáticos; y comentamos algunas de las principales modificaciones que éstas introducen en los distintos momentos de la gestión del conocimiento: la organización, comunicación o difusión, almacenamiento, búsqueda, filtrado o selección, y reutilización de la información.
De la posesión al acceso a la información
El soporte digital proporciona un complemento a otros modos tradicionales de preservación y difusión de la información, cumpliendo una función de almacenamiento o de conservación del conocimiento nada desdeñable frente a la masa de producción editorial de hoy en día. Un estudioso de estos temas, José Antonio Millán, señalaba hace ya unos años que “el texto digital, esa materia extraordinariamente fluida, puede viajar por todo el mundo, tiene un coste de duplicación prácticamente de cero y además permite una asombrosa adaptación al lector”.
Sin embargo, el concepto de biblioteca digital o virtual –por el momento, los tomaremos como sinónimos- incluye una valor añadido: amplía la capacidad de búsqueda y recuperación de la información. De aquí se deriva la importancia de los llamados metadatos –o datos sobre los datos- para facilitar el acceso a la información. El problema que antes estaba en la posesión de la información se ha desplazado al acceso a la misma y al diseño de mejores sistemas de gestión de los recursos digitales.
Bibliotecas digitales y bibliotecas virtuales
Como un buen ejemplo de las bibliotecas digitales pueden mencionarse la galería online de la Biblioteca Británica, que cuenta con recursos multimedia disponibles sólo en el formato web, como la libreta de anotaciones de Leonardo y el diario musical de Mozart. En este sentido, pueden interpretarse también proyectos como el de Google y Yahoo, de conformar una biblioteca digital, o más recientemente el de la Biblioteca Nacional de Francia, que curiosamente han centrado el debate de los medios y de los especialistas en la amenaza que supone la digitalización para los derechos de autor, desplazando por ejemplo el tema de los nuevos servicios que puede brindar una biblioteca virtual.
Aunque hay que hacer algunas salvedades: la reciente compra del sitio Del.icio.us por parte de Yahoo! es un buen ejemplo para ver cómo el futuro de la web –y de las bibliotecas virtuales- va a depender cada vez más del crecimiento de las redes sociales y la participación de los usuarios en la creación y el manejo de los contenidos.
Ahora bien, la incorporación de recursos en varios formatos, actualizados periódicamente, no necesariamente incluye la incorporación de nuevos servicios, en los que el elemento humano -por llamarlo de alguna manera- intervenga de modo directo y simultáneo. Es en este punto donde se torna útil señalar algunos matices entre el concepto de biblioteca digital y el de biblioteca virtual.
Ateniéndonos a las definiciones que proporciona ODLIS, la versión online del diccionario especializado en bibliotecología y ciencias de la información, de Joan M. Reitz, una biblioteca virtual contiene colecciones que no están impresas o de modo tangible, pero sobretodo se caracteriza porque brinda servicios sólo en línea, como la Biblioteca Virtual de Colorado en Estados Unidos. En estos casos es más patente la existencia de esa cuarta pared, que propicia la inmersión del usuario en el espacio virtual, creándole la ilusión de que está dentro de una biblioteca.
El derecho propio de lo virtual
Contra la idea de que el contenido o la información serán los mismos, sin importar el formato en el que se encuentren, la noción de biblioteca virtual parte del reconocimiento de las limitaciones y potencialidades propias del entorno digital. Incorpora servicios en los que interviene el elemento humano de modo simultáneo, y aprovecha la respuesta de los usuarios para organizar la información.
El carácter abierto de la biblioteca virtual, que se ha conectado a la red y se ha desligado definitivamente de su modelo físico –aunque lo virtual tiene su propia materialidad física-, viene a coronar una evolución histórica. En esta línea, pueden interpretarse también las articulaciones entre los recursos de una biblioteca y otros eventos de la cultura, de lo que es un buen ejemplo la red de bibliotecas municipales de Barcelona, que integra a las bibliotecas en el circuito cultural de la ciudad.
Cabe esperar que herramientas de investigación sobre las prácticas culturales, como el Sistema Nacional de Consumos Culturales -SNCC-, recientemente creado en nuestro país, proporcionen los insumos necesarios para la formulación de políticas locales que articulen a largo plazo las diversas prácticas culturales.
Algunas de las principales bibliotecas digitales del mundo (ordenadas alfabéticamente):
Alemania, Die Deutsche Bibliothek
Argentina, Biblioteca Nacional de Argentina
Australia, National Library of Australia
Bélgica, Bibliothèque Royale de Belgique
Brasil, Fundaçao Biblioteca Nacional
Canadá, Bibliothèque Nationale de Quebec
Canadá, National Library of Canada
Chile, Biblioteca Nacional de Chile
Cuba, Biblioteca Nacional José Martí
España, Biblioteca Nacional de España
Estados Unidos, Library of Congress
Estados Unidos, National Library of Education
Francia, Bibliothèque Nationale de France
Holanda, Koninklijke Bibliotheek
Israel, Jewish National and University Library
Italia, Biblioteca Nazionale Centrale di Roma
México, Biblioteca Nacional de México
Reino Unido, The British Library
Rusia, National Library of Russia
Vaticano, Biblioteca Apostolica Vaticana
Otras bibliotecas del mundo en http://exlibris.usal.es/bibesp/
Catálogo de bibliotecas digitales vinculadas a la temática de educación, de la OEI
Otros recursos:
Base de datos bibliográfica, especializada en temas educativos (en inglés), producida por Institute of Education Sciences -IES-: Education Resources Information Center -ERIC-
La catalogación, necesaria pero insuficiente. Todo proceso de digitalización comienza con la elaboración de un catálogo, que deberá actualizarse periódicamente, y se completa con la trascripción de las obras de referencia, libros y otras publicaciones. Frente a la carencia de técnicas y métodos estándares de digitalización, en mayo del año pasado la UNESCO y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) editaron un módulo de formación en CD-Rom, para enseñar a los bibliotecarios y a las personas no especializadas cómo digitalizar documentos y publicarlos en línea.
Los expedientes judiciales en la PC
Cecilia de Castro. cdecastro@clarin.com
Si usted es alérgico a la jerga acartonada y pomposa de los abogados, seguro que este emprendimiento le va a interesar. Si usted es abogado, también.
Conexiones.com, la empresa que crearon los hermanos Walter (31) y Gustavo Vodeb (29), permite ver los expedientes judiciales en la PC. Ideal para los que tienen juicios y no quieren recorrer los pasillos de los tribunales en busca de información.
¿Cómo hacen? Es sencillo. La gente de Conexiones.com visita los juzgados y pide los expedientes de acuerdo con los procedimientos habituales. El detalle es que van con un escaner portátil y una cámara digital. Y así se llevan el expediente a casa.
Previo pago de 17 pesos más IVA por mes, los clientes se ahorran el engorroso trámite de revisar el expediente en vivo y en directo. No sólo eso: después de ingresar una clave pueden bajarlo y trabajar sobre el material.
"Mostramos una réplica de lo que se ve en el juzgado", explica Walter, que estudia derecho. "También brindamos un sistema de gestión para las empresas que tienen muchos juicios y necesitan ordenar los expedientes", agrega Gustavo. Esto es muy útil para las compañías de seguros que suelen tener cientos de juicios en marcha.
Una de las ventajas del servicio, que abarca Capital y GBA, es el ahorro de tiempo: no hay que hacer cola en los tribunales y tampoco hay que viajar hasta zonas alejadas. "Los departamentos de la provincia de Buenos Aires están a un promedio de cuarenta minutos de viaje", explican.
En los juzgados no tienen ningún problema para hacer su trabajo: "Trabajamos con el procedimiento tradicional que es pedir el expediente en el juzgado". Allí mismo transforman en imagen lo que está en el papel que tienen entre sus manos. Luego retocan esas imágenes para que se pueda leer sin problemas porque "hay expedientes que son muy viejos".
Una vez en la computadora, el expediente se puede leer en formato de imagen o de texto. La ventaja del texto es que se puede modificar o escribir comentarios. Pero las imágenes son importantes porque ahí figuran las fechas y datos relevantes para conocer los movimientos del juicio.
Hoy tienen seiscientos clientes. "En un principio habíamos apuntado a los estudios jurídicos pero sobre la marcha vimos que había una gran necesidad de las empresas que dependían de los estudios para conocer el estado de sus causas".
Por eso hoy el target son los estudios y las compañías que tienen gran cantidad de juicios y los tercerizan". También tienen algunos clientes particulares. Esos que no saben cómo moverse en los tribunales.
Según cuentan los hermanos, el sistema les permite a los clientes con exactitud cómo están llevando el caso los abogados. Ilustran con una anécdota: "Una vez un estudio le quería aumentar los honorarios a su cliente, una multinacional. El argumento era que el costo de mover los expedientes era muy alto. Con nuestro sistema comprobaron que no había habido ningún movimiento en los últimos tres meses".
¿Cómo se les ocurrió la idea a estos emprendedores que fueron finalistas de Naves 2004 —el concurso del IAE— y que cerraron el año con una facturación de 300.000 pesos?
Walter siempre fue fanático de las computadoras. "Como mi papá es abogado empecé arreglando las PCs de los abogados y terminé arreglando las de los jueces", cuenta.
"En 1998 fuimos al Colegio de Abogados de la Provincia de Buenos Aires y les ofrecimos un proyecto para cablear los juzgados y dar información sobre los expedientes. Empezamos informatizando el de Lomas de Zamora. Después nos llamaron de Morón y San Martín".
"Paralelamente creamos Conexiones.com, un sitio que en ese momento ofrecía información para los abogados". En 2000 diseñaron casilleros virtuales que les permitía consultar las notificaciones judiciales sin moverse de su sillón. "En 2003 inventamos este sistema".
Cecilia de Castro. cdecastro@clarin.com
Si usted es alérgico a la jerga acartonada y pomposa de los abogados, seguro que este emprendimiento le va a interesar. Si usted es abogado, también.
Conexiones.com, la empresa que crearon los hermanos Walter (31) y Gustavo Vodeb (29), permite ver los expedientes judiciales en la PC. Ideal para los que tienen juicios y no quieren recorrer los pasillos de los tribunales en busca de información.
¿Cómo hacen? Es sencillo. La gente de Conexiones.com visita los juzgados y pide los expedientes de acuerdo con los procedimientos habituales. El detalle es que van con un escaner portátil y una cámara digital. Y así se llevan el expediente a casa.
Previo pago de 17 pesos más IVA por mes, los clientes se ahorran el engorroso trámite de revisar el expediente en vivo y en directo. No sólo eso: después de ingresar una clave pueden bajarlo y trabajar sobre el material.
"Mostramos una réplica de lo que se ve en el juzgado", explica Walter, que estudia derecho. "También brindamos un sistema de gestión para las empresas que tienen muchos juicios y necesitan ordenar los expedientes", agrega Gustavo. Esto es muy útil para las compañías de seguros que suelen tener cientos de juicios en marcha.
Una de las ventajas del servicio, que abarca Capital y GBA, es el ahorro de tiempo: no hay que hacer cola en los tribunales y tampoco hay que viajar hasta zonas alejadas. "Los departamentos de la provincia de Buenos Aires están a un promedio de cuarenta minutos de viaje", explican.
En los juzgados no tienen ningún problema para hacer su trabajo: "Trabajamos con el procedimiento tradicional que es pedir el expediente en el juzgado". Allí mismo transforman en imagen lo que está en el papel que tienen entre sus manos. Luego retocan esas imágenes para que se pueda leer sin problemas porque "hay expedientes que son muy viejos".
Una vez en la computadora, el expediente se puede leer en formato de imagen o de texto. La ventaja del texto es que se puede modificar o escribir comentarios. Pero las imágenes son importantes porque ahí figuran las fechas y datos relevantes para conocer los movimientos del juicio.
Hoy tienen seiscientos clientes. "En un principio habíamos apuntado a los estudios jurídicos pero sobre la marcha vimos que había una gran necesidad de las empresas que dependían de los estudios para conocer el estado de sus causas".
Por eso hoy el target son los estudios y las compañías que tienen gran cantidad de juicios y los tercerizan". También tienen algunos clientes particulares. Esos que no saben cómo moverse en los tribunales.
Según cuentan los hermanos, el sistema les permite a los clientes con exactitud cómo están llevando el caso los abogados. Ilustran con una anécdota: "Una vez un estudio le quería aumentar los honorarios a su cliente, una multinacional. El argumento era que el costo de mover los expedientes era muy alto. Con nuestro sistema comprobaron que no había habido ningún movimiento en los últimos tres meses".
¿Cómo se les ocurrió la idea a estos emprendedores que fueron finalistas de Naves 2004 —el concurso del IAE— y que cerraron el año con una facturación de 300.000 pesos?
Walter siempre fue fanático de las computadoras. "Como mi papá es abogado empecé arreglando las PCs de los abogados y terminé arreglando las de los jueces", cuenta.
"En 1998 fuimos al Colegio de Abogados de la Provincia de Buenos Aires y les ofrecimos un proyecto para cablear los juzgados y dar información sobre los expedientes. Empezamos informatizando el de Lomas de Zamora. Después nos llamaron de Morón y San Martín".
"Paralelamente creamos Conexiones.com, un sitio que en ese momento ofrecía información para los abogados". En 2000 diseñaron casilleros virtuales que les permitía consultar las notificaciones judiciales sin moverse de su sillón. "En 2003 inventamos este sistema".
sábado, enero 14, 2006
Justicia: reforma equivocada
Mariano Fernández Valle. Abogado, integrante del área de justicia de CIPPEC , para Clarín
Mucho se ha dicho acerca de la controvertida reforma del Consejo de la Magistratura. Como se sabe, la reforma constitucional de 1994 tuvo, entre otros objetivos, atenuar las formas hiperpresidencialistas que dominaron nuestra vida política.
Para ello, los constituyentes contemplaron por lo menos cuatro salvaguardas institucionales: la reglamentación de los decretos de necesidad y urgencia, la reglamentación de la delegación legislativa del Congreso en el Poder Ejecutivo, la creación del jefe de Gabinete y la constitución del Consejo de la Magistratura.
Las primeras tres decisiones constitucionales, por diversos motivos, fueron devastadas por nuestra práctica institucional posterior. Existe un claro vaciamiento legislativo. El Congreso delega sus facultades cada vez que el Ejecutivo lo requiere, nunca ha controlado efectivamente el dictado de decretos de necesidad y urgencia, ni ha forzado a que el jefe de Gabinete se convierta en el enlace entre ambos poderes.
La reducción de miembros del Consejo de la Magistratura y el aumento porcentual de la composición política, principalmente la oficialista, constituye la partida de defunción de la cuarta de las salvaguardas constitucionalmente contempladas.
Ese Consejo se creó precisamente para morigerar el peso de las mayorías en el proceso de selección de jueces y, de esta forma, garantizar su independencia del poder político.Resulta un contrasentido el proyecto impulsado en cuanto otorga gran poder a las mayorías en el órgano que tiene el deber de seleccionar a quienes luego deberán contrapesarlas. La República es la salvaguarda contra el abuso. En ella todos debemos tener una dosis de poder, mayorías y minorías.
Nuestra práctica demuestra que las mayorías ya pesan en el Congreso y en el Ejecutivo; no pueden entonces también hacerlo en el Poder Judicial. Si se trata de darle más legitimidad democrática al Consejo, como se señaló desde el oficialismo, entonces debería pensarse de qué forma ampliar allí el número de minorías, y no de reducirlo como se pretende.
No se comprende la premura para sancionar este proyecto cuando realmente son muy fuertes y diversas las voces disidentes.La democracia puede darse el lujo de esperar un poco más y abrir un serio e imprescindible proceso de diálogo.
Mariano Fernández Valle. Abogado, integrante del área de justicia de CIPPEC , para Clarín
Mucho se ha dicho acerca de la controvertida reforma del Consejo de la Magistratura. Como se sabe, la reforma constitucional de 1994 tuvo, entre otros objetivos, atenuar las formas hiperpresidencialistas que dominaron nuestra vida política.
Para ello, los constituyentes contemplaron por lo menos cuatro salvaguardas institucionales: la reglamentación de los decretos de necesidad y urgencia, la reglamentación de la delegación legislativa del Congreso en el Poder Ejecutivo, la creación del jefe de Gabinete y la constitución del Consejo de la Magistratura.
Las primeras tres decisiones constitucionales, por diversos motivos, fueron devastadas por nuestra práctica institucional posterior. Existe un claro vaciamiento legislativo. El Congreso delega sus facultades cada vez que el Ejecutivo lo requiere, nunca ha controlado efectivamente el dictado de decretos de necesidad y urgencia, ni ha forzado a que el jefe de Gabinete se convierta en el enlace entre ambos poderes.
La reducción de miembros del Consejo de la Magistratura y el aumento porcentual de la composición política, principalmente la oficialista, constituye la partida de defunción de la cuarta de las salvaguardas constitucionalmente contempladas.
Ese Consejo se creó precisamente para morigerar el peso de las mayorías en el proceso de selección de jueces y, de esta forma, garantizar su independencia del poder político.Resulta un contrasentido el proyecto impulsado en cuanto otorga gran poder a las mayorías en el órgano que tiene el deber de seleccionar a quienes luego deberán contrapesarlas. La República es la salvaguarda contra el abuso. En ella todos debemos tener una dosis de poder, mayorías y minorías.
Nuestra práctica demuestra que las mayorías ya pesan en el Congreso y en el Ejecutivo; no pueden entonces también hacerlo en el Poder Judicial. Si se trata de darle más legitimidad democrática al Consejo, como se señaló desde el oficialismo, entonces debería pensarse de qué forma ampliar allí el número de minorías, y no de reducirlo como se pretende.
No se comprende la premura para sancionar este proyecto cuando realmente son muy fuertes y diversas las voces disidentes.La democracia puede darse el lujo de esperar un poco más y abrir un serio e imprescindible proceso de diálogo.
Mientras duerme la Casa Blanca
Por Tomás Eloy Martínez Para LA NACION
HIGHLAND PARK, N.J. Contra lo que se supone, América latina tendrá mucho que agradecerle a George Walker Bush cuando se vaya de la Casa Blanca, en enero de 2009, si acaso no lo expulsan antes. En los últimos cinco años, Bush se ha distraído tanto que sus vecinos del Sur ya no son los mismos. Hasta que sucedió el atentado a las Torres Gemelas, en septiembre de 2001, era -desde George Washington- el presidente de su país que más días de vacaciones se había tomado. Después, la cruzada por imponer en Afganistán e Irak su propia versión de la democracia le sacudió el letargo. En esos afanes deformó la cultura norteamericana a tal punto que ahora tampoco los Estados Unidos son los mismos.
A comienzos de su gobierno eran impensables el espionaje de la vida privada de los ciudadanos, la defensa de la tortura a cara descubierta, la filtración de noticias a la prensa para quitarse de encima a testigos incómodos, la concesión de botines de guerra a los aliados políticos -como sucede con los contratos ventajosos que, en Afganistán e Irak, favorecen a Halliburton, una empresa afín al vicepresidente Dick Cheney-, el arresto sin pruebas ni derecho a defensa de sospechosos. Tampoco había lobbistas dispuestos a dar los nombres de congresales sobornados, como acaba de suceder con Jack Abramoff, quien ha sembrado el terror en las filas republicanas. Si alguien hubiera contado estas historias cuando, en diciembre de 2000, un puñado de votos dudosos estaba decidiendo la elección en Florida, nadie las habría creído.
Ahora, con el país cambiado, los Estados Unidos no pueden entender a América latina, porque se le parecen más de la cuenta. No a la actual, sino a la del pasado. Y no en la riqueza sino en la locura. Desde comienzos del siglo XX hasta hace muy poco la mayoría de los gobiernos latinoamericanos fueron, como se sabe, aliados incondicionales o servidores directos de Washington. Cuando la insumisión se pasaba de la raya, el freno era inmediato, como sucedió con la Guatemala de Jacobo Arbenz, en 1954; con la República Dominicana de 1965 y con el Chile de Salvador Allende, en 1973. El miedo a que otro Fidel Castro creara un segundo frente rebelde ha movido la imaginación y la mano de las sucesivas administraciones, desde John F. Kennedy en adelante. Castro fue un hijo irrepetible de la guerra fría y su régimen está languideciendo, pero la idea de que se reencarne en otros gobernantes eriza la piel de mucha gente en Washington. Desde hace tres años, la mayoría de los gobiernos de allá abajo ya no cree en las recetas neoliberales. La marea crece, irreprimible.
De las nueve elecciones presidenciales previstas para 2006 en América latina, hay dos que podrían ser ganadas por candidatos adversos a los Estados Unidos: Daniel Ortega en Nicaragua y Ollanta Humala en Perú. Nadie sabe qué hará Evo Morales en Bolivia. Y casi todos los analistas prevén que Hugo Chávez podría tratar de expandir aún más su influencia después de que sea reelegido en Venezuela. Lo que Estados Unidos tarda en entender es que en el juego del poder algunas monedas se han dado vuelta. Los partidos políticos tradicionales están en caída libre, devorados por años de fracaso y por una corrupción que llega a los huesos. Han surgido alianzas inesperadas y líderes autoritarios con tendencia a la demagogia y al populismo. Tanto en Chile como en Uruguay los socialistas están gobernando por primera vez sin zozobras sociales ni militares. México emergió de siete décadas de hegemonía del PRI, el Partido Revolucionario Institucional.
Nadie habría esperado que el golpista Hugo Chávez pudiera quedarse en el poder trece años -como él pretende que sea-, gracias a elecciones legítimas. En Bolivia ganó la presidencia un indígena, algo sin precedente. Hasta una semana antes de la votación, ni siquiera Evo Morales imaginaba que su triunfo sería demoledor. La novedad es que los nuevos líderes latinoamericanos ya no les temen a los Estados Unidos. Cuando gobiernan, piensan menos en lastimar a Washington que en defender los intereses nacionales. Eso crea confusiones, porque los diarios de Estados Unidos llaman izquierda y derecha son simplificaciones de una realidad mucho más compleja.
A comienzos de enero, por ejemplo, el corresponsal de The New York Times en el Cono Sur publicó esta curiosa frase: "...el pago de 9800 millones de dólares [para cancelar la deuda del Fondo Monetario Internacional] es un importante hito simbólico y sólo uno de los varios y recientes signos de que el presidente Néstor Kirchner parece estar concentrando más poder en sus manos y llevando el gobierno hacia la izquierda". ¿Qué significa izquierda en este ejemplo? ¿Más estatismo, afán de justicia social, hostilidad a la propiedad privada, sociedad sin clases? ¿O se entiende que la izquierda es sólo la acumulación de poder? ¿Y desde cuándo pagar una deuda es signo de populismo? ¿Qué sería, entonces, insistir en el default? ¿Una ocurrencia de la derecha?
La realidad latinoamericana es tan compleja que cualquiera la lee como mejor le parece. Por eso, George W. Bush, el presidente norteamericano que más vacaciones se ha tomado, prefiere no leerla de ninguna manera. También a la propia América latina le cuesta leerse a sí misma. Evo Morales ha empezado creando, antes de gobernar, dos problemas serios: por un lado, quiere alzar los precios del gas que le vende a la Argentina a niveles casi imposibles de pagar. Por el otro, advierte que todas sus conversaciones con Chile tendrán como obligatorio telón de fondo el reclamo boliviano de una salida al mar. Es otra manera de privilegiar los intereses nacionales, ya no contra los Estados Unidos sino en relación con los países vecinos. Con esas dos tomas de posición, Morales hará más difícil la convivencia en el Cono Sur. ¿Pero acaso Chile y la Argentina actuarían de diferente manera si estuvieran en el lugar de Bolivia?
América latina, como se sabe, es un continente de rarezas, en el que siempre está sucediendo lo que nadie espera. ¿Quién hubiera dicho, por ejemplo, que en el momento en que Chávez prometía financiar una gigantesca tubería para transportar el gas desde la cuenca del Orinoco, a través de las soledades amazónicas, hasta el puerto de Buenos Aires -una obra faraónica y afiebrada, que costaría, si se hace, varios miles de millones de dólares-, en ese preciso momento, la única vía de comunicación entre Caracas y el litoral venezolano, donde están su aeropuerto internacional y los muelles por los que ingresa un tercio de las mercancías, estaría desplomándose y seguiría en estado de inutilidad hasta el sol de hoy? La única vez que eso pasó, hace treinta años, los pasajeros eran transportados en vuelos especiales desde un aeropuerto militar en la capital hacia el mar Caribe. Duró una semana y Caracas parecía haber enloquecido. Ahora, la travesía se está haciendo por un camino lleno de pozos, que también puede colapsar, y que atraviesa pueblos con altos índice de miseria y crimen. Chávez ha reconocido, por un lado, que el viaducto no tenía salvación y que eso se sabía desde hace dos años. Por el otro, ha prometido que una autopista nueva estará construida en el primer trimestre del año que viene, a un costo sideral, aunque todavía no hay la menor idea de cuál sería su trazado. Si Chávez sabía hace dos años lo que iba a suceder, ¿por qué no empezó entonces la construcción?
A pesar de esos desconciertos de la realidad, América latina está saliendo mejor parada de lo que se pensaba. El crecimiento económico es alto, la democracia se ha consolidado, y no sólo lo que en Estados Unidos se llama izquierda está cambiando la atmósfera de la región. También han surgido dirigentes conservadores -como los de Chile y México- que obligarán a repensar los proyectos nacionales. Al final de cuentas, la siesta larga de George Walker Bush, tan llena de sueños babilónicos y por lo tanto lejanos, está permitiendo que América latina se encuentre a sí misma.
http://www.lanacion.com.ar/772145
Por Tomás Eloy Martínez Para LA NACION
HIGHLAND PARK, N.J. Contra lo que se supone, América latina tendrá mucho que agradecerle a George Walker Bush cuando se vaya de la Casa Blanca, en enero de 2009, si acaso no lo expulsan antes. En los últimos cinco años, Bush se ha distraído tanto que sus vecinos del Sur ya no son los mismos. Hasta que sucedió el atentado a las Torres Gemelas, en septiembre de 2001, era -desde George Washington- el presidente de su país que más días de vacaciones se había tomado. Después, la cruzada por imponer en Afganistán e Irak su propia versión de la democracia le sacudió el letargo. En esos afanes deformó la cultura norteamericana a tal punto que ahora tampoco los Estados Unidos son los mismos.
A comienzos de su gobierno eran impensables el espionaje de la vida privada de los ciudadanos, la defensa de la tortura a cara descubierta, la filtración de noticias a la prensa para quitarse de encima a testigos incómodos, la concesión de botines de guerra a los aliados políticos -como sucede con los contratos ventajosos que, en Afganistán e Irak, favorecen a Halliburton, una empresa afín al vicepresidente Dick Cheney-, el arresto sin pruebas ni derecho a defensa de sospechosos. Tampoco había lobbistas dispuestos a dar los nombres de congresales sobornados, como acaba de suceder con Jack Abramoff, quien ha sembrado el terror en las filas republicanas. Si alguien hubiera contado estas historias cuando, en diciembre de 2000, un puñado de votos dudosos estaba decidiendo la elección en Florida, nadie las habría creído.
Ahora, con el país cambiado, los Estados Unidos no pueden entender a América latina, porque se le parecen más de la cuenta. No a la actual, sino a la del pasado. Y no en la riqueza sino en la locura. Desde comienzos del siglo XX hasta hace muy poco la mayoría de los gobiernos latinoamericanos fueron, como se sabe, aliados incondicionales o servidores directos de Washington. Cuando la insumisión se pasaba de la raya, el freno era inmediato, como sucedió con la Guatemala de Jacobo Arbenz, en 1954; con la República Dominicana de 1965 y con el Chile de Salvador Allende, en 1973. El miedo a que otro Fidel Castro creara un segundo frente rebelde ha movido la imaginación y la mano de las sucesivas administraciones, desde John F. Kennedy en adelante. Castro fue un hijo irrepetible de la guerra fría y su régimen está languideciendo, pero la idea de que se reencarne en otros gobernantes eriza la piel de mucha gente en Washington. Desde hace tres años, la mayoría de los gobiernos de allá abajo ya no cree en las recetas neoliberales. La marea crece, irreprimible.
De las nueve elecciones presidenciales previstas para 2006 en América latina, hay dos que podrían ser ganadas por candidatos adversos a los Estados Unidos: Daniel Ortega en Nicaragua y Ollanta Humala en Perú. Nadie sabe qué hará Evo Morales en Bolivia. Y casi todos los analistas prevén que Hugo Chávez podría tratar de expandir aún más su influencia después de que sea reelegido en Venezuela. Lo que Estados Unidos tarda en entender es que en el juego del poder algunas monedas se han dado vuelta. Los partidos políticos tradicionales están en caída libre, devorados por años de fracaso y por una corrupción que llega a los huesos. Han surgido alianzas inesperadas y líderes autoritarios con tendencia a la demagogia y al populismo. Tanto en Chile como en Uruguay los socialistas están gobernando por primera vez sin zozobras sociales ni militares. México emergió de siete décadas de hegemonía del PRI, el Partido Revolucionario Institucional.
Nadie habría esperado que el golpista Hugo Chávez pudiera quedarse en el poder trece años -como él pretende que sea-, gracias a elecciones legítimas. En Bolivia ganó la presidencia un indígena, algo sin precedente. Hasta una semana antes de la votación, ni siquiera Evo Morales imaginaba que su triunfo sería demoledor. La novedad es que los nuevos líderes latinoamericanos ya no les temen a los Estados Unidos. Cuando gobiernan, piensan menos en lastimar a Washington que en defender los intereses nacionales. Eso crea confusiones, porque los diarios de Estados Unidos llaman izquierda y derecha son simplificaciones de una realidad mucho más compleja.
A comienzos de enero, por ejemplo, el corresponsal de The New York Times en el Cono Sur publicó esta curiosa frase: "...el pago de 9800 millones de dólares [para cancelar la deuda del Fondo Monetario Internacional] es un importante hito simbólico y sólo uno de los varios y recientes signos de que el presidente Néstor Kirchner parece estar concentrando más poder en sus manos y llevando el gobierno hacia la izquierda". ¿Qué significa izquierda en este ejemplo? ¿Más estatismo, afán de justicia social, hostilidad a la propiedad privada, sociedad sin clases? ¿O se entiende que la izquierda es sólo la acumulación de poder? ¿Y desde cuándo pagar una deuda es signo de populismo? ¿Qué sería, entonces, insistir en el default? ¿Una ocurrencia de la derecha?
La realidad latinoamericana es tan compleja que cualquiera la lee como mejor le parece. Por eso, George W. Bush, el presidente norteamericano que más vacaciones se ha tomado, prefiere no leerla de ninguna manera. También a la propia América latina le cuesta leerse a sí misma. Evo Morales ha empezado creando, antes de gobernar, dos problemas serios: por un lado, quiere alzar los precios del gas que le vende a la Argentina a niveles casi imposibles de pagar. Por el otro, advierte que todas sus conversaciones con Chile tendrán como obligatorio telón de fondo el reclamo boliviano de una salida al mar. Es otra manera de privilegiar los intereses nacionales, ya no contra los Estados Unidos sino en relación con los países vecinos. Con esas dos tomas de posición, Morales hará más difícil la convivencia en el Cono Sur. ¿Pero acaso Chile y la Argentina actuarían de diferente manera si estuvieran en el lugar de Bolivia?
América latina, como se sabe, es un continente de rarezas, en el que siempre está sucediendo lo que nadie espera. ¿Quién hubiera dicho, por ejemplo, que en el momento en que Chávez prometía financiar una gigantesca tubería para transportar el gas desde la cuenca del Orinoco, a través de las soledades amazónicas, hasta el puerto de Buenos Aires -una obra faraónica y afiebrada, que costaría, si se hace, varios miles de millones de dólares-, en ese preciso momento, la única vía de comunicación entre Caracas y el litoral venezolano, donde están su aeropuerto internacional y los muelles por los que ingresa un tercio de las mercancías, estaría desplomándose y seguiría en estado de inutilidad hasta el sol de hoy? La única vez que eso pasó, hace treinta años, los pasajeros eran transportados en vuelos especiales desde un aeropuerto militar en la capital hacia el mar Caribe. Duró una semana y Caracas parecía haber enloquecido. Ahora, la travesía se está haciendo por un camino lleno de pozos, que también puede colapsar, y que atraviesa pueblos con altos índice de miseria y crimen. Chávez ha reconocido, por un lado, que el viaducto no tenía salvación y que eso se sabía desde hace dos años. Por el otro, ha prometido que una autopista nueva estará construida en el primer trimestre del año que viene, a un costo sideral, aunque todavía no hay la menor idea de cuál sería su trazado. Si Chávez sabía hace dos años lo que iba a suceder, ¿por qué no empezó entonces la construcción?
A pesar de esos desconciertos de la realidad, América latina está saliendo mejor parada de lo que se pensaba. El crecimiento económico es alto, la democracia se ha consolidado, y no sólo lo que en Estados Unidos se llama izquierda está cambiando la atmósfera de la región. También han surgido dirigentes conservadores -como los de Chile y México- que obligarán a repensar los proyectos nacionales. Al final de cuentas, la siesta larga de George Walker Bush, tan llena de sueños babilónicos y por lo tanto lejanos, está permitiendo que América latina se encuentre a sí misma.
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viernes, enero 13, 2006
Un muro para contener a México
Por Marcos Aguinis, Para LA NACION
WASHINGTON
Yolanda González había partido de Oxaca, México, con su hijita de dieciocho meses en los brazos. La animaba la desesperación de su pobreza. Recurrió a la generosidad de los medios de transporte que llevan ganado para acercarse a la frontera con Arizona, menos vigilada –según le informaron– que las de California y Texas. Quería arañar los bordes del bienestar, como algunos de sus parientes. No le importaban los riesgos. Pidió consejo y le dijeron que para internarse en los Estados Unidos le convenía caminar por una franja desértica libre de controles, pero abrasada por el sol. No encontraría sino tierra seca y rocas. Debía llevar mucha agua. Pero agotó sus reservas: las últimas gotas las vertió en la boca de su hijita. Fue encontrada por una patrulla que intentó salvarla, pero sin éxito. Su muerte fue reportada como la sexta en dos semanas.
En mi artículo anterior, El muro y el misterio, aparecido en esta sección el 30 de diciembre, no quedaba espacio para describir la extensión de la muralla entre Estados Unidos y México, que amenaza con aumentar las heridas de nuestro continente. Doscientos sesenta miembros de la Cámara de Representantes aprobaron la llamada ley Sensenbrenner, que propone continuarla hasta completar un tercio de los 3200 kilómetros de frontera que separa ambos países. Pretenden desalentar las columnas de indocumentados que se filtran cada día, a razón de uno por minuto y, además, penalizar a quienes los contratan ilegalmente. En febrero, la ley será discutida por el Senado. Mientras, ha comenzado una intensa acción diplomática por parte de algunos países latinoamericanos para abortar la iniciativa.
Los hispanos fueron creciendo en Estados Unidos de modo exponencial y ahora conforman una holgada primera minoría, por encima de la comunidad negra. Aunque muchos han conseguido una admirable integración e incluso desempeñan funciones sensibles en todas las áreas, subsisten resistencias y hasta prejuicios.
El libro de Samuel Huntington ¿Quiénes somos? Los desafíos de la identidad nacional americana ha suscitado infinidad de debates, porque se centra en el riesgo que suponen los hispanos para las tradiciones del país. El tema no se reduce al terreno académico, social o político, sino que ha desbordado al incendio del crimen. En Las redes del odio relato una iniciativa espeluznante: para frenar el ingreso de inmigrantes ilegales, un grupo de nacionalistas decidió cazarlos en la frontera sur como si fuesen animales salvajes. Rancheros de Arizona tomaron el nombre de America Way Team y planificaron un patrullaje de las franjas próximas a la frontera sur para perseguir y hasta asesinar.
La repugnancia que suscitó este safari no sólo escandalizó en México, sino en los Estados Unidos mismos. En México se formó el Comité de Defensa Ciudadana, que ofrecía la recompensa de diez mil dólares a quien matara a un patrullero norteamericano. Esta propuesta sólo consiguió exacerbar a los xenófobos del Norte. Por suerte, fue condenado el America Way Team y se desactivó el Comité de Defensa Ciudadana.
El ingreso ilegal de latinoamericanos en los Estados Unidos se ha henchido de contradicciones. Mientras crece la hostilidad contra la potencia del Norte, también crece el deseo por entrar en ella y disfrutar de sus ventajas. Se atribuye a Octavio Paz la observación de que cuando un mexicano grita ¡Yankee go home!, por lo bajo agrega: but take me with you...
En los Estados Unidos ya han surgido voces de condena al muro. The New York Times afirma que el proyecto es “xenófobo y miope”. Benjamin Barber, ex asesor de Bill Clinton, dijo que el presidente Bush reacciona con mentalidad del siglo XIX y que los costos del muro serán “prohibitivos y desastrosos; no funcionará”. Los costos llegarán a la friolera de ocho mil millones de dólares. Y una vez terminado, aún quedarán 2000 kilómetros sin una muralla de separación, y por ahí seguirá filtrándose gente sin visa.
Luis Alberto Dérbez, canciller azteca, ha manifestado que el muro es una “idea estúpida”, pero se ha entrevistado con Condoleezza Rice para buscar una solución diplomática y se ha desempeñado como anfitrión de una conferencia de cancilleres que anhela llegar a un acuerdo razonable, como surge de la equilibrada declaración firmada el lunes último. No ignora que Estados Unidos recibe medio millón de inmigrantes por año, más que toda Europa.
El canciller de Guatemala, Jorge Briz, concedió que “Estados Unidos tiene sus normas”. Por eso, “nuestra propuesta será integral”. Visualizan como alternativa el Estatus de Protección Temporal, mediante el cual los inmigrantes ilegales quedarían protegidos de la deportación y podrían obtener documentos de identidad, como la licencia de conducir, y acceder a la poderosa seguridad social. La idea se basa en que ya los ciudadanos de algunos países, como Honduras, El Salvador y Nicaragua gozan de estos beneficios. La pretensión es extenderlos al resto de América latina.
Pero ocurre que de los ocho millones de mexicanos que viven en los Estados Unidos, cerca de la mitad es ilegal. La cifra es demasiado grande para resolver la cuestión en un minuto o de un plumazo. Las remesas enviadas desde aquí conforman uno de los más jugosos ingresos en divisas que recibe América latina, porque ganan de diez a veinte veces más que en sus países de origen. El Salvador cerró el año último con 2800 millones de dólares en remesas. Guatemala, con más de 3000 millones. Y México, en los cinco años que lleva Vicente Fox en la presidencia, recibió más de 70.000 millones.
Entre quienes apoyan la ley Sensenbrenner figura Victor Davis Hanson, especializado en el tema, quien afirma que la comparación del muro entre México y Estados Unidos con el de Berlín exhala una lamentable ironía, porque el de Berlín fue construido por Alemania oriental para impedir la fuga de sus ciudadanos y la fuga no ocurre de Estados Unidos hacia México, sino al revés. Además, si hubiera que establecer un parecido con Alemania oriental, más se le parece México, porque millones de sus habitantes sueñan con irse aunque mueran en el intento. También refuta a Dérbez, quien dijo que es una idea estúpida. “Estúpidos son los gobiernos de un país abundante en minerales, petróleo, costas maravillosas, clima templado, ricos campos para la agricultura y ganadería y que no pueden o no quieren efectuar reformas profundas, sino que se limitan a cambios cosméticos que no consiguen terminar con la pobreza”. No se queda corto en el tema de la inmoralidad. Asegura que es inmoral pretender sacarse la carga de los pobres mandándolos afuera. Es inmoral que, además, los pobres deban enviar dinero a los familiares que se quedan, porque lo hacen a costa de bajar su propia calidad de vida y posibilidades de inversión. Agrega que a los gobiernos de América latina les preocupan más sus ciudadanos cuando están afuera que adentro, y enmascaran con términos humanitarios el corazón del problema.
No obstante, la conferencia que se celebró en México el pasado lunes emitió un documento admirable, maduro. No quiere aumentar los decibeles del debate, sino poner paños fríos y avanzar hacia ideas mutuamente aceptables. Admite que cada país tiene derecho soberano para conducir su política migratoria y de seguridad. Los países firmantes se comprometen a desalentar la migración indocumentada y combatir el tráfico de personas y actividades criminales asociadas. Pero los migrantes no son ni deben tratarse como delincuentes. Por el contrario, se realizarán esfuerzos para defender sus derechos humanos e individuales. Se intensificará el acercamiento a todos los niveles de las respectivas administraciones para difundir los beneficios que aportan las comunidades migrantes en los Estados Unidos. Como broche, el vocero presidencial mexicano aseguró que por ahora se descarta la integración de un bloque latinoamericano que rechace la construcción del muro. Es decir, se optó por la negociación persuasiva, ya que en los Estados Unidos las opiniones están divididas.
http://www.lanacion.com.ar/771896
Por Marcos Aguinis, Para LA NACION
WASHINGTON
Yolanda González había partido de Oxaca, México, con su hijita de dieciocho meses en los brazos. La animaba la desesperación de su pobreza. Recurrió a la generosidad de los medios de transporte que llevan ganado para acercarse a la frontera con Arizona, menos vigilada –según le informaron– que las de California y Texas. Quería arañar los bordes del bienestar, como algunos de sus parientes. No le importaban los riesgos. Pidió consejo y le dijeron que para internarse en los Estados Unidos le convenía caminar por una franja desértica libre de controles, pero abrasada por el sol. No encontraría sino tierra seca y rocas. Debía llevar mucha agua. Pero agotó sus reservas: las últimas gotas las vertió en la boca de su hijita. Fue encontrada por una patrulla que intentó salvarla, pero sin éxito. Su muerte fue reportada como la sexta en dos semanas.
En mi artículo anterior, El muro y el misterio, aparecido en esta sección el 30 de diciembre, no quedaba espacio para describir la extensión de la muralla entre Estados Unidos y México, que amenaza con aumentar las heridas de nuestro continente. Doscientos sesenta miembros de la Cámara de Representantes aprobaron la llamada ley Sensenbrenner, que propone continuarla hasta completar un tercio de los 3200 kilómetros de frontera que separa ambos países. Pretenden desalentar las columnas de indocumentados que se filtran cada día, a razón de uno por minuto y, además, penalizar a quienes los contratan ilegalmente. En febrero, la ley será discutida por el Senado. Mientras, ha comenzado una intensa acción diplomática por parte de algunos países latinoamericanos para abortar la iniciativa.
Los hispanos fueron creciendo en Estados Unidos de modo exponencial y ahora conforman una holgada primera minoría, por encima de la comunidad negra. Aunque muchos han conseguido una admirable integración e incluso desempeñan funciones sensibles en todas las áreas, subsisten resistencias y hasta prejuicios.
El libro de Samuel Huntington ¿Quiénes somos? Los desafíos de la identidad nacional americana ha suscitado infinidad de debates, porque se centra en el riesgo que suponen los hispanos para las tradiciones del país. El tema no se reduce al terreno académico, social o político, sino que ha desbordado al incendio del crimen. En Las redes del odio relato una iniciativa espeluznante: para frenar el ingreso de inmigrantes ilegales, un grupo de nacionalistas decidió cazarlos en la frontera sur como si fuesen animales salvajes. Rancheros de Arizona tomaron el nombre de America Way Team y planificaron un patrullaje de las franjas próximas a la frontera sur para perseguir y hasta asesinar.
La repugnancia que suscitó este safari no sólo escandalizó en México, sino en los Estados Unidos mismos. En México se formó el Comité de Defensa Ciudadana, que ofrecía la recompensa de diez mil dólares a quien matara a un patrullero norteamericano. Esta propuesta sólo consiguió exacerbar a los xenófobos del Norte. Por suerte, fue condenado el America Way Team y se desactivó el Comité de Defensa Ciudadana.
El ingreso ilegal de latinoamericanos en los Estados Unidos se ha henchido de contradicciones. Mientras crece la hostilidad contra la potencia del Norte, también crece el deseo por entrar en ella y disfrutar de sus ventajas. Se atribuye a Octavio Paz la observación de que cuando un mexicano grita ¡Yankee go home!, por lo bajo agrega: but take me with you...
En los Estados Unidos ya han surgido voces de condena al muro. The New York Times afirma que el proyecto es “xenófobo y miope”. Benjamin Barber, ex asesor de Bill Clinton, dijo que el presidente Bush reacciona con mentalidad del siglo XIX y que los costos del muro serán “prohibitivos y desastrosos; no funcionará”. Los costos llegarán a la friolera de ocho mil millones de dólares. Y una vez terminado, aún quedarán 2000 kilómetros sin una muralla de separación, y por ahí seguirá filtrándose gente sin visa.
Luis Alberto Dérbez, canciller azteca, ha manifestado que el muro es una “idea estúpida”, pero se ha entrevistado con Condoleezza Rice para buscar una solución diplomática y se ha desempeñado como anfitrión de una conferencia de cancilleres que anhela llegar a un acuerdo razonable, como surge de la equilibrada declaración firmada el lunes último. No ignora que Estados Unidos recibe medio millón de inmigrantes por año, más que toda Europa.
El canciller de Guatemala, Jorge Briz, concedió que “Estados Unidos tiene sus normas”. Por eso, “nuestra propuesta será integral”. Visualizan como alternativa el Estatus de Protección Temporal, mediante el cual los inmigrantes ilegales quedarían protegidos de la deportación y podrían obtener documentos de identidad, como la licencia de conducir, y acceder a la poderosa seguridad social. La idea se basa en que ya los ciudadanos de algunos países, como Honduras, El Salvador y Nicaragua gozan de estos beneficios. La pretensión es extenderlos al resto de América latina.
Pero ocurre que de los ocho millones de mexicanos que viven en los Estados Unidos, cerca de la mitad es ilegal. La cifra es demasiado grande para resolver la cuestión en un minuto o de un plumazo. Las remesas enviadas desde aquí conforman uno de los más jugosos ingresos en divisas que recibe América latina, porque ganan de diez a veinte veces más que en sus países de origen. El Salvador cerró el año último con 2800 millones de dólares en remesas. Guatemala, con más de 3000 millones. Y México, en los cinco años que lleva Vicente Fox en la presidencia, recibió más de 70.000 millones.
Entre quienes apoyan la ley Sensenbrenner figura Victor Davis Hanson, especializado en el tema, quien afirma que la comparación del muro entre México y Estados Unidos con el de Berlín exhala una lamentable ironía, porque el de Berlín fue construido por Alemania oriental para impedir la fuga de sus ciudadanos y la fuga no ocurre de Estados Unidos hacia México, sino al revés. Además, si hubiera que establecer un parecido con Alemania oriental, más se le parece México, porque millones de sus habitantes sueñan con irse aunque mueran en el intento. También refuta a Dérbez, quien dijo que es una idea estúpida. “Estúpidos son los gobiernos de un país abundante en minerales, petróleo, costas maravillosas, clima templado, ricos campos para la agricultura y ganadería y que no pueden o no quieren efectuar reformas profundas, sino que se limitan a cambios cosméticos que no consiguen terminar con la pobreza”. No se queda corto en el tema de la inmoralidad. Asegura que es inmoral pretender sacarse la carga de los pobres mandándolos afuera. Es inmoral que, además, los pobres deban enviar dinero a los familiares que se quedan, porque lo hacen a costa de bajar su propia calidad de vida y posibilidades de inversión. Agrega que a los gobiernos de América latina les preocupan más sus ciudadanos cuando están afuera que adentro, y enmascaran con términos humanitarios el corazón del problema.
No obstante, la conferencia que se celebró en México el pasado lunes emitió un documento admirable, maduro. No quiere aumentar los decibeles del debate, sino poner paños fríos y avanzar hacia ideas mutuamente aceptables. Admite que cada país tiene derecho soberano para conducir su política migratoria y de seguridad. Los países firmantes se comprometen a desalentar la migración indocumentada y combatir el tráfico de personas y actividades criminales asociadas. Pero los migrantes no son ni deben tratarse como delincuentes. Por el contrario, se realizarán esfuerzos para defender sus derechos humanos e individuales. Se intensificará el acercamiento a todos los niveles de las respectivas administraciones para difundir los beneficios que aportan las comunidades migrantes en los Estados Unidos. Como broche, el vocero presidencial mexicano aseguró que por ahora se descarta la integración de un bloque latinoamericano que rechace la construcción del muro. Es decir, se optó por la negociación persuasiva, ya que en los Estados Unidos las opiniones están divididas.
http://www.lanacion.com.ar/771896
lunes, enero 09, 2006
"Los errores más grandes se han hecho con el aplauso colectivo"
Guillermo Villarreal. MAR DEL PLATA. CORRESPONSAL mdelplata@clarin.com
—Tomando en cuenta cómo finalizó el año, en una cruzada contra el Gobierno por la modificación del Consejo de la Magistratura, ¿qué augura para este año que se inicia?
—Será extremadamente difícil, pero por otro lado liberador. Lo que viene es paradojal.
—¿Dónde ve esa paradoja?
—Es que, por un lado, hay que enfrentar la enorme dificultad que plantea la metodología fascista del Gobierno, legitimado por bastos sectores de la sociedad, y por otro, porque es algo que tenía que suceder.
—¿Por qué?
—Es mejor que suceda antes. Cuando denunciaba la metodología fascista decían que exageraba. Seis meses después todo el mundo usa ese término. La situación no es fácil.
—No cree que la situación pueda cambiar...
—Pero tengo la profunda esperanza de que se aprenda. O se aprende por lucidez, o por dolor. Pero acá parece que se aprende por dolor.
—Quiere decir que no habrá cambios en el Gobierno en cuanto a los métodos que denuncia.
—Mucha gente confunde fascismo con totalitarismo. El fascismo tiende a cooptar y comprar a las organizaciones intermedias, a los medios de comunicación, amedrentarlos, persigue opositores, y tiene liderazgos que fomentan el resentimiento popular por largos fracasos. En las sociedades que tuvieron muchos fracasos, muchas frustraciones, existen liderazgos que fomentan una especie de reivindicación vengativa del resentimiento.
—¿Quién gana entonces?
—Los que no tienen precio. Aunque el camino sea difícil, esta pelea la ganamos los que no somos susceptibles de ser cooptados.
—El panorama que está dando para 2006 no es nada alentador...
—Es que va a ser difícil. Pero quiero que todo el mundo pase un buen verano, y yo también. Es que hay hechos objetivos: entrega de reservas del país, intento de aniquilamiento de la Justicia, vaciamiento parlamentario y operaciones sucias contra la prensa y la oposición. Parece inevitable que Kirchner empiece a desarrollar al extremo su propia lógica de poder.
—Se acaban de desembolsar casi 10 mil millones de dólares para cancelar la deuda con el FMI. Cualquiera diría que se está lejos de una crisis.
—Para nosotros es un error enorme. Pero los errores más grandes de este país se han hecho con el aplauso colectivo: Malvinas, el Plan Brady, la privatización de YPF. Se trata de un llamado a nosotros, como sociedad. ¿Qué nos pasa que no vemos lo obvio? ¿Qué nos pasa que a las entregas las disfrazamos de liberación?
—¿Sobre qué temas va a trabajar fuerte el ARI este año?
—Trabajaremos en el Congreso, nos votaron para eso, independientemente de avanzar en la construcción del partido.
—López Murphy lanzó la idea de un foro opositor.
—Hicimos un enorme esfuerzo a fin de año para acordar con toda la oposición el rechazo del Consejo de la Magistratura. Estas cosas no pueden ser usadas política ni electoralmente.
—Llamó la atención verla en esos días junto a Mauricio Macri. ¿Qué relación tiene con él?
—No hay relación. El acuerdo fue de todos los bloques opositores del Parlamento. Era imprescindible. No implica ningún acuerdo político ni electoral.
—El tema de la corrupción recurrente en su discurso.
—Es que actualmente está en niveles iguales o mayores que en la década menemista. Mayor en obras públicas, en minería, en transporte.
—¿Sus legisladores porteños votarán la destitución de Aníbal Ibarra en el cargo?
—Algunos diputados del ARI son miembros del jurado, ellos tienen obligaciones.
—Pero usted debe tener alguna postura tomada...
—Yo no voy a tomar parte.
—¿Cree que el Gobierno va a poder frenar el avance de la inflación?
—No en estas circunstancias. Pero es una inflación controlable si se tiene racionalidad. Lo que este gobierno tiene es una profunda crisis de racionalidad política. Si eso se traslada a la realidad económica esto no se arregla.
—Habrá recorrido Mar del Plata y visto las obras que dejó la Cumbre de las Américas. ¿Qué más dejó?
—Un papelón para todos los argentinos. Nunca un país anfitrión se portó como la Argentina en la Cumbre. Cuando el presidente del país anfitrión trata de hacer electoralismo fácil con una cumbre de presidentes, habla de la barbarie de ese presidente, pero también deja muy mal parado al país.
Guillermo Villarreal. MAR DEL PLATA. CORRESPONSAL mdelplata@clarin.com
—Tomando en cuenta cómo finalizó el año, en una cruzada contra el Gobierno por la modificación del Consejo de la Magistratura, ¿qué augura para este año que se inicia?
—Será extremadamente difícil, pero por otro lado liberador. Lo que viene es paradojal.
—¿Dónde ve esa paradoja?
—Es que, por un lado, hay que enfrentar la enorme dificultad que plantea la metodología fascista del Gobierno, legitimado por bastos sectores de la sociedad, y por otro, porque es algo que tenía que suceder.
—¿Por qué?
—Es mejor que suceda antes. Cuando denunciaba la metodología fascista decían que exageraba. Seis meses después todo el mundo usa ese término. La situación no es fácil.
—No cree que la situación pueda cambiar...
—Pero tengo la profunda esperanza de que se aprenda. O se aprende por lucidez, o por dolor. Pero acá parece que se aprende por dolor.
—Quiere decir que no habrá cambios en el Gobierno en cuanto a los métodos que denuncia.
—Mucha gente confunde fascismo con totalitarismo. El fascismo tiende a cooptar y comprar a las organizaciones intermedias, a los medios de comunicación, amedrentarlos, persigue opositores, y tiene liderazgos que fomentan el resentimiento popular por largos fracasos. En las sociedades que tuvieron muchos fracasos, muchas frustraciones, existen liderazgos que fomentan una especie de reivindicación vengativa del resentimiento.
—¿Quién gana entonces?
—Los que no tienen precio. Aunque el camino sea difícil, esta pelea la ganamos los que no somos susceptibles de ser cooptados.
—El panorama que está dando para 2006 no es nada alentador...
—Es que va a ser difícil. Pero quiero que todo el mundo pase un buen verano, y yo también. Es que hay hechos objetivos: entrega de reservas del país, intento de aniquilamiento de la Justicia, vaciamiento parlamentario y operaciones sucias contra la prensa y la oposición. Parece inevitable que Kirchner empiece a desarrollar al extremo su propia lógica de poder.
—Se acaban de desembolsar casi 10 mil millones de dólares para cancelar la deuda con el FMI. Cualquiera diría que se está lejos de una crisis.
—Para nosotros es un error enorme. Pero los errores más grandes de este país se han hecho con el aplauso colectivo: Malvinas, el Plan Brady, la privatización de YPF. Se trata de un llamado a nosotros, como sociedad. ¿Qué nos pasa que no vemos lo obvio? ¿Qué nos pasa que a las entregas las disfrazamos de liberación?
—¿Sobre qué temas va a trabajar fuerte el ARI este año?
—Trabajaremos en el Congreso, nos votaron para eso, independientemente de avanzar en la construcción del partido.
—López Murphy lanzó la idea de un foro opositor.
—Hicimos un enorme esfuerzo a fin de año para acordar con toda la oposición el rechazo del Consejo de la Magistratura. Estas cosas no pueden ser usadas política ni electoralmente.
—Llamó la atención verla en esos días junto a Mauricio Macri. ¿Qué relación tiene con él?
—No hay relación. El acuerdo fue de todos los bloques opositores del Parlamento. Era imprescindible. No implica ningún acuerdo político ni electoral.
—El tema de la corrupción recurrente en su discurso.
—Es que actualmente está en niveles iguales o mayores que en la década menemista. Mayor en obras públicas, en minería, en transporte.
—¿Sus legisladores porteños votarán la destitución de Aníbal Ibarra en el cargo?
—Algunos diputados del ARI son miembros del jurado, ellos tienen obligaciones.
—Pero usted debe tener alguna postura tomada...
—Yo no voy a tomar parte.
—¿Cree que el Gobierno va a poder frenar el avance de la inflación?
—No en estas circunstancias. Pero es una inflación controlable si se tiene racionalidad. Lo que este gobierno tiene es una profunda crisis de racionalidad política. Si eso se traslada a la realidad económica esto no se arregla.
—Habrá recorrido Mar del Plata y visto las obras que dejó la Cumbre de las Américas. ¿Qué más dejó?
—Un papelón para todos los argentinos. Nunca un país anfitrión se portó como la Argentina en la Cumbre. Cuando el presidente del país anfitrión trata de hacer electoralismo fácil con una cumbre de presidentes, habla de la barbarie de ese presidente, pero también deja muy mal parado al país.
domingo, enero 08, 2006
Un largo sueño incumplido
Mientras algunos proyectos enviados por el Poder Ejecutivo al Congreso son aprobados con inusitada urgencia y escaso o nulo debate previo, una cuestión que ha sido considerada esencial para el sistema institucional argentino, como la tan mentada reforma política, sigue durmiendo un largo sueño y nada parece indicar que tal letargo se interrumpirá. A comienzos de febrero de 2002, 23 mandatarios provinciales, entre ellos el entonces gobernador de Santa Cruz y actual presidente de la Nación, entendieron que era ineludible "promover un proceso de transformaciones sustanciales en el sistema político argentino". Lo hicieron a través del llamado "Acuerdo federal para la reforma del sistema político argentino". Allí se expresaba que "la hora impone transformaciones profundas del marco institucional como producto de un consenso federal amplio con los principios y mecanismos constitucionales y legales vigentes y reconociendo que ha devenido en ineludible la concreción de la postergada reforma del sistema político, perentoriamente reclamada por el pueblo argentino".
La denominada reforma política, cuyo contenido adquiere formas y contenidos diversos según quienes sean los que hablen de ella, surgió como una cuestión que no admitía dilaciones ni esperas luego de la grave crisis que provocó a fines de 2001 la renuncia del entonces presidente Fernando de la Rúa. Cuestiones tales como el tratamiento y la sanción de leyes que reglamentan las campañas y el financiamiento de los partidos; garantizar su transparencia mediante un efectivo sistema de control de aportes y gastos; el establecimiento de sistemas que faciliten el libre acceso de la ciudadanía a la información para favorecer el control social de los actos de gobierno; el impulso de mecanismos de consulta y democracia semidirecta contemplados en la Constitución para posibilitar una mayor participación ciudadana, y la modificación de la llamada lista sábana por algún mecanismo que aumentara el grado de libertad del elector en la selección de los candidatos fueron consideradas algunas de las prioridades esenciales para dicha imprescindible reforma política, que fueron objeto del mencionado acuerdo suscripto por los gobernadores y el entonces presidente de la Nación, Eduardo Duhalde. Sin embargo, poco parece haber quedado de aquel compromiso público.
La Mesa del Diálogo Argentino, meses más tarde, recogió los consensos expresados en su seno por los más diversos actores sociales, políticos e institucionales, confiando en que ello contribuiría a recuperar el valor de la palabra empeñada y la paz social. Se insistió en el documento entonces presentado -entre otros aspectos- en la necesidad de preservar los derechos de las minorías, estimular la participación popular y el amplio debate público de las cuestiones de interés general. Se coincidió en la necesidad de cumplir con las leyes ya existentes sobre financiamiento de los partidos políticos y de las campañas electorales, efectuar una genuina depuración de las afiliaciones que no responden a la realidad y proceder a la elección de nuevas autoridades partidarias por voto directo y con respeto por la representación de las minorías.
Hoy las leyes necesarias para impulsar una auténtica reforma política no se sancionan y los controles sobre el financiamiento de partidos y campañas políticas parecen no existir. Mecanismos clientelistas impulsados, entre otros medios, por planes sociales cuya adjudicación es a menudo poco transparente siguen asegurando los "votos en cadena" y mantienen cautivo a un porcentaje de los electores de condición más humilde. Pocos se proponen reformar o revisar el sistema y un número inusitado de afiliaciones partidarias escasamente creíble parece no preocupar a muchos en tanto el número de afiliados, además del papel que cumple en las elecciones internas, es un criterio de distribución de cargos en la estructura de poder del partido. Por otra parte, la inexistencia de una ley de libre acceso a la información pública; la persistencia de un sistema electoral que impide la apertura (candidatos independientes) y el desbloqueo de las llamadas listas sábana; la violación de la ley a través del desarrollo de campañas políticas llevadas a cabo a través de actos oficiales -en algunos casos sin la presencia siquiera de los candidatos- o con el uso de recursos públicos como el helicóptero presidencial o el auxilio logístico de empleados públicos son algunas de las cuentas pendientes que el sistema político tiene con la ciudadanía y sobre las cuales el Gobierno nunca dio una explicación.
Cuestiones bastante elementales como modificar el sistema de impresión y distribución de boletas electorales o la instrumentación del voto electrónico son demoradas quizá porque mantener el actual statu quo en este aspecto posibilita o favorece mecanismos de fraude electoral o al menos asegura el mantenimiento de un fuerte clientelismo político que termina debilitando cada vez más el sistema representativo. La fragmentada oposición, compuesta en muchos casos por "microemprendimientos políticos" que enmascaran un uso falaz del concepto de pluralismo, también tiene responsabilidad esencial en este tema, que alcanza al Poder Legislativo, al Judicial, a los organismos de control, a los partidos políticos, a la prensa y a la sociedad en su conjunto.
Es necesario recuperar una ambición nacional que aliente a la clase política a actuar con la preocupación puesta en el bienestar de los ciudadanos antes que en meras mezquindades partidarias, con la mira puesta en una mejor calidad institucional. Ese parece ser el desafío.
http://www.lanacion.com.ar/770695
Mientras algunos proyectos enviados por el Poder Ejecutivo al Congreso son aprobados con inusitada urgencia y escaso o nulo debate previo, una cuestión que ha sido considerada esencial para el sistema institucional argentino, como la tan mentada reforma política, sigue durmiendo un largo sueño y nada parece indicar que tal letargo se interrumpirá. A comienzos de febrero de 2002, 23 mandatarios provinciales, entre ellos el entonces gobernador de Santa Cruz y actual presidente de la Nación, entendieron que era ineludible "promover un proceso de transformaciones sustanciales en el sistema político argentino". Lo hicieron a través del llamado "Acuerdo federal para la reforma del sistema político argentino". Allí se expresaba que "la hora impone transformaciones profundas del marco institucional como producto de un consenso federal amplio con los principios y mecanismos constitucionales y legales vigentes y reconociendo que ha devenido en ineludible la concreción de la postergada reforma del sistema político, perentoriamente reclamada por el pueblo argentino".
La denominada reforma política, cuyo contenido adquiere formas y contenidos diversos según quienes sean los que hablen de ella, surgió como una cuestión que no admitía dilaciones ni esperas luego de la grave crisis que provocó a fines de 2001 la renuncia del entonces presidente Fernando de la Rúa. Cuestiones tales como el tratamiento y la sanción de leyes que reglamentan las campañas y el financiamiento de los partidos; garantizar su transparencia mediante un efectivo sistema de control de aportes y gastos; el establecimiento de sistemas que faciliten el libre acceso de la ciudadanía a la información para favorecer el control social de los actos de gobierno; el impulso de mecanismos de consulta y democracia semidirecta contemplados en la Constitución para posibilitar una mayor participación ciudadana, y la modificación de la llamada lista sábana por algún mecanismo que aumentara el grado de libertad del elector en la selección de los candidatos fueron consideradas algunas de las prioridades esenciales para dicha imprescindible reforma política, que fueron objeto del mencionado acuerdo suscripto por los gobernadores y el entonces presidente de la Nación, Eduardo Duhalde. Sin embargo, poco parece haber quedado de aquel compromiso público.
La Mesa del Diálogo Argentino, meses más tarde, recogió los consensos expresados en su seno por los más diversos actores sociales, políticos e institucionales, confiando en que ello contribuiría a recuperar el valor de la palabra empeñada y la paz social. Se insistió en el documento entonces presentado -entre otros aspectos- en la necesidad de preservar los derechos de las minorías, estimular la participación popular y el amplio debate público de las cuestiones de interés general. Se coincidió en la necesidad de cumplir con las leyes ya existentes sobre financiamiento de los partidos políticos y de las campañas electorales, efectuar una genuina depuración de las afiliaciones que no responden a la realidad y proceder a la elección de nuevas autoridades partidarias por voto directo y con respeto por la representación de las minorías.
Hoy las leyes necesarias para impulsar una auténtica reforma política no se sancionan y los controles sobre el financiamiento de partidos y campañas políticas parecen no existir. Mecanismos clientelistas impulsados, entre otros medios, por planes sociales cuya adjudicación es a menudo poco transparente siguen asegurando los "votos en cadena" y mantienen cautivo a un porcentaje de los electores de condición más humilde. Pocos se proponen reformar o revisar el sistema y un número inusitado de afiliaciones partidarias escasamente creíble parece no preocupar a muchos en tanto el número de afiliados, además del papel que cumple en las elecciones internas, es un criterio de distribución de cargos en la estructura de poder del partido. Por otra parte, la inexistencia de una ley de libre acceso a la información pública; la persistencia de un sistema electoral que impide la apertura (candidatos independientes) y el desbloqueo de las llamadas listas sábana; la violación de la ley a través del desarrollo de campañas políticas llevadas a cabo a través de actos oficiales -en algunos casos sin la presencia siquiera de los candidatos- o con el uso de recursos públicos como el helicóptero presidencial o el auxilio logístico de empleados públicos son algunas de las cuentas pendientes que el sistema político tiene con la ciudadanía y sobre las cuales el Gobierno nunca dio una explicación.
Cuestiones bastante elementales como modificar el sistema de impresión y distribución de boletas electorales o la instrumentación del voto electrónico son demoradas quizá porque mantener el actual statu quo en este aspecto posibilita o favorece mecanismos de fraude electoral o al menos asegura el mantenimiento de un fuerte clientelismo político que termina debilitando cada vez más el sistema representativo. La fragmentada oposición, compuesta en muchos casos por "microemprendimientos políticos" que enmascaran un uso falaz del concepto de pluralismo, también tiene responsabilidad esencial en este tema, que alcanza al Poder Legislativo, al Judicial, a los organismos de control, a los partidos políticos, a la prensa y a la sociedad en su conjunto.
Es necesario recuperar una ambición nacional que aliente a la clase política a actuar con la preocupación puesta en el bienestar de los ciudadanos antes que en meras mezquindades partidarias, con la mira puesta en una mejor calidad institucional. Ese parece ser el desafío.
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sábado, enero 07, 2006
No acostumbrarnos a la pobreza
Desde hace bastante tiempo, el índice que da cuenta de las condiciones de pobreza en que sobrevive un vasto sector de la población está presente, con mayor o menor insistencia, en todos los informes relativos a la calidad de vida de los argentinos. Puede ocurrir que el índice experimente en algún caso un mínimo aumento o un mínimo descenso, pero difícilmente el dato sobre los niveles de pobreza existentes desaparecerá de las encuestas o de los diagnósticos destinados a conocer la situación en que se encuentran, en nuestro país, los distintos sectores de la población desde el punto de vista de los ingresos salariales que cada familia necesita para solventar sus necesidades mínimas. Esto conlleva un riesgo: que nos acostumbremos a convivir con la pobreza; es decir, que terminemos aceptándola como un componente inevitable del paisaje social, como una realidad de la cual no es posible prescindir. Y el acostumbramiento tiene, en este caso, consecuencias muy malas, pues tiende a llevarnos a la indiferencia, a una creciente insensibilidad ante el dolor o el malestar de quienes carecen de los recursos mínimos indispensables para asegurar la subsistencia de su grupo familiar.
La pobreza, de tanto hablar de ella, puede terminar convirtiéndose en un dato abstracto de la realidad, en un concepto estadístico descarnado, del cual oímos hablar con naturalidad, como si detrás de él no se escondiera un caudal de privaciones y de sufrimientos humanos intenso y visceral. No es bueno que el drama de la pobreza pase a ser un problema más entre los muchos que arrastra el país. Es necesario que consideremos a la pobreza como lo que es: una afrenta que hiere o lesiona el derecho esencial e inalienable de todos los habitantes del país a vivir con dignidad. No debemos olvidar en ningún momento que la pobreza implica muerte, enfermedades, destrucción de la familia, exclusión, marginación, niños sin auténticas vivencias de infancia, jóvenes imposibilitados de incorporarse al sistema social.
En una sociedad con tantas posibilidades de crecimiento como es la argentina, la existencia de vastos sectores sumidos en la pobreza plantea un grave dilema ético. Y obliga a considerar el tema en sus implicancias económicas, sociales, culturales e institucionales. La existencia de índices de pobreza crecientes compromete la calidad moral de la convivencia entre argentinos y afecta las bases de la gobernabilidad democrática. En el curso de 2006 todos deberíamos permanecer alertas ante llamados como el que acaba de formular el obispo Jorge Casaretto, presidente de la Comisión de Pastoral Social del Episcopado, quien días atrás señaló que existen en la Argentina más de 400.00 familias pobres que no tienen protección de ninguna naturaleza.
Se impone hoy en el país la celebración de un acuerdo social nacional entre todos los sectores, con el fin de combatir la pobreza. La responsabilidad principal deberían asumirla, por supuesto, los poderes públicos, mediante el cumplimiento de las disposiciones constitucionales pertinentes y la fijación de las prioridades y políticas de Estado que correspondan. Pero en esa tarea debe colaborar también, necesariamente, el sector privado: es fundamental el aporte que pueden y deben hacer las organizaciones de la sociedad civil en sus múltiples manifestaciones, las instituciones intermedias, las universidades y los medios de comunicación masiva. Nadie debe estar ausente en ese supremo compromiso de responsabilidad social. El apoyo a los sectores menos favorecidos del país debe estar orientado al fortalecimiento del capital social que esos núcleos rezagados de la población representan, más allá de su circunstancial debilidad, en el marco de una vasta acción destinada a reinsertarlos plenamente en la economía nacional. Se debe estimular en las distintas comunidades, aun en las más pobres, un esfuerzo de cogestión y de capacitación de sus líderes, con especial respeto por sus particularidades culturales y con una clara intención de mejorar su autoestima.
Es necesario generar oportunidades, alentar la capacidad productiva de cada sector, apoyar y articular los proyectos ya existentes en cada comunidad y, sobre todo, generalizar el acceso al crédito y a la tecnología como recursos que potencien y faciliten su incorporación a los mercados. El esfuerzo de solidaridad que se pide tiene -como nadie ignora- una base argumental religiosa y filosófica, que convierte a la lucha contra la pobreza en un compromiso con la propia fe o con la propia coherencia moral o humana. Recuérdese que en uno de los libros del Antiguo Testamento -pilar del judaísmo, del cristianismo y del islam- está contenida esta frase imperativa: "No desatenderás la sangre de tu prójimo". En el Nuevo Testamento resuena la famosa frase de Jesús: "Ama a tu prójimo como a ti mismo". Las religiones orientales suscriben pensamientos tan potentes como éste: "Aquel que regala una cosa a otro se queda con la fragancia en la mano". Aquellos que no adhieren a ninguna fe religiosa, por su parte, disponen de un extenso repertorio de frases y pensamientos célebres que invitan a pensar en el prójimo en términos de solidaridad, abnegación y amor.
No hay cultura social que no reserve un espacio para la exaltación del gesto solidario. De eso se trata. Se requiere que cada uno active en su pensamiento el compromiso con sus creencias más íntimas -de orden religioso o de pura extracción intelectual o filosófica- para sumarse a un frente de lucha común en el que todos coincidamos con un único y supremo objetivo: ayudar a que nuestros hermanos más desprotegidos liberen definitivamente sus capacidades y sus fuerzas, ocupen los espacios que les están reservados en la sociedad productiva y se sumen ellos también al esfuerzo generalizado de todos los sectores por aniquilar las estructuras paralizantes de la pobreza. Que nadie se desentienda, en nuestro suelo, del compromiso por ampliar cada día más los límites de la Argentina posible, la del crecimiento sustentable y solidario, la del país que nos incluye a todos.
http://www.lanacion.com.ar/770446
Desde hace bastante tiempo, el índice que da cuenta de las condiciones de pobreza en que sobrevive un vasto sector de la población está presente, con mayor o menor insistencia, en todos los informes relativos a la calidad de vida de los argentinos. Puede ocurrir que el índice experimente en algún caso un mínimo aumento o un mínimo descenso, pero difícilmente el dato sobre los niveles de pobreza existentes desaparecerá de las encuestas o de los diagnósticos destinados a conocer la situación en que se encuentran, en nuestro país, los distintos sectores de la población desde el punto de vista de los ingresos salariales que cada familia necesita para solventar sus necesidades mínimas. Esto conlleva un riesgo: que nos acostumbremos a convivir con la pobreza; es decir, que terminemos aceptándola como un componente inevitable del paisaje social, como una realidad de la cual no es posible prescindir. Y el acostumbramiento tiene, en este caso, consecuencias muy malas, pues tiende a llevarnos a la indiferencia, a una creciente insensibilidad ante el dolor o el malestar de quienes carecen de los recursos mínimos indispensables para asegurar la subsistencia de su grupo familiar.
La pobreza, de tanto hablar de ella, puede terminar convirtiéndose en un dato abstracto de la realidad, en un concepto estadístico descarnado, del cual oímos hablar con naturalidad, como si detrás de él no se escondiera un caudal de privaciones y de sufrimientos humanos intenso y visceral. No es bueno que el drama de la pobreza pase a ser un problema más entre los muchos que arrastra el país. Es necesario que consideremos a la pobreza como lo que es: una afrenta que hiere o lesiona el derecho esencial e inalienable de todos los habitantes del país a vivir con dignidad. No debemos olvidar en ningún momento que la pobreza implica muerte, enfermedades, destrucción de la familia, exclusión, marginación, niños sin auténticas vivencias de infancia, jóvenes imposibilitados de incorporarse al sistema social.
En una sociedad con tantas posibilidades de crecimiento como es la argentina, la existencia de vastos sectores sumidos en la pobreza plantea un grave dilema ético. Y obliga a considerar el tema en sus implicancias económicas, sociales, culturales e institucionales. La existencia de índices de pobreza crecientes compromete la calidad moral de la convivencia entre argentinos y afecta las bases de la gobernabilidad democrática. En el curso de 2006 todos deberíamos permanecer alertas ante llamados como el que acaba de formular el obispo Jorge Casaretto, presidente de la Comisión de Pastoral Social del Episcopado, quien días atrás señaló que existen en la Argentina más de 400.00 familias pobres que no tienen protección de ninguna naturaleza.
Se impone hoy en el país la celebración de un acuerdo social nacional entre todos los sectores, con el fin de combatir la pobreza. La responsabilidad principal deberían asumirla, por supuesto, los poderes públicos, mediante el cumplimiento de las disposiciones constitucionales pertinentes y la fijación de las prioridades y políticas de Estado que correspondan. Pero en esa tarea debe colaborar también, necesariamente, el sector privado: es fundamental el aporte que pueden y deben hacer las organizaciones de la sociedad civil en sus múltiples manifestaciones, las instituciones intermedias, las universidades y los medios de comunicación masiva. Nadie debe estar ausente en ese supremo compromiso de responsabilidad social. El apoyo a los sectores menos favorecidos del país debe estar orientado al fortalecimiento del capital social que esos núcleos rezagados de la población representan, más allá de su circunstancial debilidad, en el marco de una vasta acción destinada a reinsertarlos plenamente en la economía nacional. Se debe estimular en las distintas comunidades, aun en las más pobres, un esfuerzo de cogestión y de capacitación de sus líderes, con especial respeto por sus particularidades culturales y con una clara intención de mejorar su autoestima.
Es necesario generar oportunidades, alentar la capacidad productiva de cada sector, apoyar y articular los proyectos ya existentes en cada comunidad y, sobre todo, generalizar el acceso al crédito y a la tecnología como recursos que potencien y faciliten su incorporación a los mercados. El esfuerzo de solidaridad que se pide tiene -como nadie ignora- una base argumental religiosa y filosófica, que convierte a la lucha contra la pobreza en un compromiso con la propia fe o con la propia coherencia moral o humana. Recuérdese que en uno de los libros del Antiguo Testamento -pilar del judaísmo, del cristianismo y del islam- está contenida esta frase imperativa: "No desatenderás la sangre de tu prójimo". En el Nuevo Testamento resuena la famosa frase de Jesús: "Ama a tu prójimo como a ti mismo". Las religiones orientales suscriben pensamientos tan potentes como éste: "Aquel que regala una cosa a otro se queda con la fragancia en la mano". Aquellos que no adhieren a ninguna fe religiosa, por su parte, disponen de un extenso repertorio de frases y pensamientos célebres que invitan a pensar en el prójimo en términos de solidaridad, abnegación y amor.
No hay cultura social que no reserve un espacio para la exaltación del gesto solidario. De eso se trata. Se requiere que cada uno active en su pensamiento el compromiso con sus creencias más íntimas -de orden religioso o de pura extracción intelectual o filosófica- para sumarse a un frente de lucha común en el que todos coincidamos con un único y supremo objetivo: ayudar a que nuestros hermanos más desprotegidos liberen definitivamente sus capacidades y sus fuerzas, ocupen los espacios que les están reservados en la sociedad productiva y se sumen ellos también al esfuerzo generalizado de todos los sectores por aniquilar las estructuras paralizantes de la pobreza. Que nadie se desentienda, en nuestro suelo, del compromiso por ampliar cada día más los límites de la Argentina posible, la del crecimiento sustentable y solidario, la del país que nos incluye a todos.
http://www.lanacion.com.ar/770446
Esposo, amordace a su mujer
La historia tuvo un desenlace penoso, que hiere la sensibilidad de los millones de argentinos empeñados en creer aún que las actitudes autoritarias hieren de extrema gravedad al sistema democrático. A fines del año que acaba de terminar, el mayor del Ejército Argentino Rafael Mercado fue puesto en disponibilidad y pasado a retiro por causa de las opiniones de su esposa.
No tembló el pulso de quienes por ese motivo, de hecho y de derecho amparado por la facultad constitucional de expresarse en libertad, no dudaron en truncar una honrosa carrera profesional y privar de sustento a un matrimonio con siete hijos en edad escolar. Como es público, María Cecilia Pando de Mercado había criticado al presidente de la República en dos cartas de lectores publicadas en LA NACION. Después, fue candidata por una fracción opositora en las recientes elecciones de renovación parlamentaria.
Poco o nada les importó a los responsables de esa sanción que en abril último, época en que fueron difundidas aquellas misivas y el jefe del Estado Mayor de Ejército, teniente general Roberto Bendini, las retrucó aplicándole 20 días de arresto a su subordinado, una oleada de pronunciamientos adversos -incluso provenientes de entidades defensoras de los derechos humanos- forzase al propio primer mandatario a disponer la cancelación de ese castigo. Bendini parecería no haber recordado que en aquella oportunidad se comprometió públicamente a que no iba "a haber ninguna represalia contra Mercado".
Al parecer, tampoco nadie se ha preocupado por medir cuán mal paradas saldrán nuestras instituciones fundamentales de este ingrato episodio. Una vasta franja de la sociedad lo siente en carne propia como otra destemplada demostración de la proclividad a incurrir en actitudes autoritarias e intolerantes en que están cayendo con frecuencia algunos integrantes del gobierno nacional. No son admitidos los pareceres adversos. Ni siquiera se los rebate con argumentos valederos.
Hasta ahora, quienes los emitían eran blanco de acres reprimendas, pero de aquí en adelante y visto el ejemplo presente, los emisores de opiniones que difieran de los pareceres oficiales tendrán que pensarlo dos veces antes de hacerlas públicas. El mayor Mercado fue tildado de "elemento pernicioso para la disciplina". Es curioso, porque su foja de servicios consigna que estuvo entre los diez primeros de su curso de la Escuela Superior de Guerra y que obtuvo las mejores calificaciones en la Escuela de Inteligencia.
Que haya podido saberse, los reglamentos militares no incluyen las opiniones de los cónyuges entre los factores que atentan contra el correcto comportamiento de los integrantes de las fuerzas armadas. Quienes se desempeñan en los diferentes niveles y reparticiones de nuestra administración pública deberían tomar cumplida nota de lo acontecido al mayor del Ejército Argentino Rafael Mercado por no haberse ocupado de fiscalizar y censurar las manifestaciones políticas de su esposa, dama mayor de edad, plenamente habilitada para ejercer sus derechos cívicos y gozar de las libertades individuales que le garantiza la Constitución. Nadie puede asegurar que esta arbitrariedad inadmisible no será repetida cada vez que en las cumbres del poder alguien se sienta lastimado por una opinión desfavorable.
http://www.lanacion.com.ar/770447
La historia tuvo un desenlace penoso, que hiere la sensibilidad de los millones de argentinos empeñados en creer aún que las actitudes autoritarias hieren de extrema gravedad al sistema democrático. A fines del año que acaba de terminar, el mayor del Ejército Argentino Rafael Mercado fue puesto en disponibilidad y pasado a retiro por causa de las opiniones de su esposa.
No tembló el pulso de quienes por ese motivo, de hecho y de derecho amparado por la facultad constitucional de expresarse en libertad, no dudaron en truncar una honrosa carrera profesional y privar de sustento a un matrimonio con siete hijos en edad escolar. Como es público, María Cecilia Pando de Mercado había criticado al presidente de la República en dos cartas de lectores publicadas en LA NACION. Después, fue candidata por una fracción opositora en las recientes elecciones de renovación parlamentaria.
Poco o nada les importó a los responsables de esa sanción que en abril último, época en que fueron difundidas aquellas misivas y el jefe del Estado Mayor de Ejército, teniente general Roberto Bendini, las retrucó aplicándole 20 días de arresto a su subordinado, una oleada de pronunciamientos adversos -incluso provenientes de entidades defensoras de los derechos humanos- forzase al propio primer mandatario a disponer la cancelación de ese castigo. Bendini parecería no haber recordado que en aquella oportunidad se comprometió públicamente a que no iba "a haber ninguna represalia contra Mercado".
Al parecer, tampoco nadie se ha preocupado por medir cuán mal paradas saldrán nuestras instituciones fundamentales de este ingrato episodio. Una vasta franja de la sociedad lo siente en carne propia como otra destemplada demostración de la proclividad a incurrir en actitudes autoritarias e intolerantes en que están cayendo con frecuencia algunos integrantes del gobierno nacional. No son admitidos los pareceres adversos. Ni siquiera se los rebate con argumentos valederos.
Hasta ahora, quienes los emitían eran blanco de acres reprimendas, pero de aquí en adelante y visto el ejemplo presente, los emisores de opiniones que difieran de los pareceres oficiales tendrán que pensarlo dos veces antes de hacerlas públicas. El mayor Mercado fue tildado de "elemento pernicioso para la disciplina". Es curioso, porque su foja de servicios consigna que estuvo entre los diez primeros de su curso de la Escuela Superior de Guerra y que obtuvo las mejores calificaciones en la Escuela de Inteligencia.
Que haya podido saberse, los reglamentos militares no incluyen las opiniones de los cónyuges entre los factores que atentan contra el correcto comportamiento de los integrantes de las fuerzas armadas. Quienes se desempeñan en los diferentes niveles y reparticiones de nuestra administración pública deberían tomar cumplida nota de lo acontecido al mayor del Ejército Argentino Rafael Mercado por no haberse ocupado de fiscalizar y censurar las manifestaciones políticas de su esposa, dama mayor de edad, plenamente habilitada para ejercer sus derechos cívicos y gozar de las libertades individuales que le garantiza la Constitución. Nadie puede asegurar que esta arbitrariedad inadmisible no será repetida cada vez que en las cumbres del poder alguien se sienta lastimado por una opinión desfavorable.
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viernes, enero 06, 2006
AGRO + INDUSTRIA: hay equipo
Son los nuevos dueños del crecimiento, y acaban de cerrar un año espectacular. Sin embargo, campo e industria todavía se miran entre sí con recelo. Retenciones y capacidad instalada. Los números y proyecciones de dos sectores que, si se complementan, pueden generar la mayor sinergia económica de la historia.
El campo y la industria pasaron un año que en los números se podría calificar como espectacular, ya que exportaciones record, cosecha de granos record y producción record los ubicaron como los protagonistas excluyentes de la nueva economía argentina, con un crecimiento sostenido durante los últimos 12 trimestres. Desde agosto del 2002 a este año acumula un 30 por ciento de crecimiento. Este supera el record alcanzado a mediados de 1998, antes de la recesión.De todos modos, ambos sectores se miran entre sí con recelo, y centran sus expectativas para este año en la dirección que tomará la nueva ministra de Economía.
Los industriales son los que cuentan con mejor performance actual ya que tenían un buen diálogo con la ex titular del Banco Nación y además habían recibido un trato muy bueno por parte del equipo anterior que encabezaba Roberto Lavagna.
En tanto, los que bajaron los decibeles confrontativos para ver si mejora su relación con el gobierno de Néstor Kirchner son los sectores agrarios, que ya tuvieron muchos encontronazos debido a las retenciones a las exportaciones y la falta –según indican– de beneficios para ayudarlos a superar la baja en sus márgenes de ganancias. Pese a esta actitud fueron los primeros protagonistas de una controversia coyuntural con el gobierno debido al problema suscitado por la pelea por los precios, y el aumento de las retenciones a exportaciones de carne.
Números. La producción industrial argentina está terminando su tercer año consecutivo de explosivo aumento, luego de haber concluido el 2004 con una mejora del 10,7 por ciento y el 2003 con una del 16,3 por ciento. Para 2005 se espera la confirmación de un porcentual de 7,9.
En el campo la cosa también es importante, ya que se incrementaron en forma muy elevada los terrenos dónde se desarrolla la industria y la producción debido a la cosecha record de 80 millones de toneladas de granos.Un informe del IERAL, de la Fundación Mediterránea, estima que la actividad agrícola y particularmente los granos representan "los sectores más dinámicos" de la actividad agropecuaria. Para los especialistas, una economía exitosa requiere una equilibrada articulación de su perfil productivo siguiendo el patrón de sus ventajas competitivas, en donde los diferentes sectores alcancen una adecuada complementación siguiendo las señales del mercado.
Según un informe del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas, –IAEF– en la Argentina la industria manufacturera contribuye con la generación del 24% del valor agregado bruto (medido a precios corrientes) en tanto que agricultura, ganadería, caza y pesca aporta otro 10%. Dos veredas. Pese a esto, y a la igualdad que aparecen en los números, en cuanto se los señaló como los motores de la economía, desde ambos sectores se muestran reacios a compartir la gloria con el otro y se señalan editando una nueva y remozada versión de la "guerra entre el campo y la industria" que acompaña al país desde principios del siglo XX cuando la industria comenzó a socavarle el terreno al campo.
Así se desarrolla una "guerra fría" que no es admitida por ninguno de los contrincantes pero que los mantiene alertas en la búsqueda de nuevos aliados, y –especialmente– hacia donde miran las autoridades con planes de apoyo y beneficios.En los últimos dos años, los que más se han quejado son los sectores del agro. "Se hizo una devaluación demasiado alta para premiar a la industria argentina ineficiente", dijo a Fortuna Osvaldo Simiele, director general de la Sociedad Rural Argentina, y agregó, tajante: "El campo está totalmente desprotegido y es el motor de la economía nacional".
El tema central entre los hombres del agro son las retenciones que les aplica el Ministerio de Economía, sin fecha de expiración. En ese sentido, Simiele reconoce que el campo ganó mucho dinero con el dólar y además considera razonable y saludable que se hayan tomado medidas para favorecer a los más necesitados."Lo que no consideramos razonable es la habitualidad del método. Como eventualidad está muy bien, pero como habitualidad es perjudicial porque los precios nuestros se quedaron o bajaron, pero los insumos fueron subiendo. Esto quiere decir que la brecha de utilidad es cada vez menor. Esto es lo que vemos como contraproducente, como el impuesto al cheque y otros impuestos distorsivos que se aplican. No queremos que las quiten de golpe, que haya gradualismo".
Los argumentos de Simiele no difieren del resto de las entidades agrarias que reclaman medidas urgentes para bajar la carga de sus hombros. Hace tiempo, Confederaciones Rurales Argentinas lanzó una dura crítica contra el ex ministro de Economía Roberto Lavagna al señalar que "una política de dólar alto, con retenciones a las producciones agropecuarias, constituye una ecuación insostenible, que induce a tensiones insoportables en nuestra economía". Sólo en retenciones, los dirigentes agrarios señalan que su sector ya colaboró, en lo que va del año, con al menos $ 14.500 millones para el superávit fiscal.
Según el vicepresidente de la CRA, Néstor Roulet, "la producción primaria está subsidiando a la industria. Eso lo hacen en base a las retenciones". Además subrayó que debido a las retenciones "Nosotros vendemos a un dólar a $2,30. El dólar alto no nos sirve de nada. Las ventajas las tienen las industrias de sustitución de importaciones".
Lo cierto es que este año algunos factores afectaron a la siembra como a la rentabilidad de la misma. Otro tanto tuvieron los productores de carne. A raíz de la caída de precios y la suba de costos se redujo este año la siembra de cereales. Por ejemplo, en cuanto a fertilizantes ya tuvieron que soportar un 100 % de aumento, ya que la marca más conocida pasó de u$s 200 la tonelada a 400.
Visión industrial.
Por su parte, desde la visión industrial la confrontación no existe; lo que hay es una visión distinta de un modelo de país agro exportador o productor de manufacturas. Por ejemplo, para el titular de la Federación Económica de la Provincia de Buenos Aires, Raúl Lamacchia, "no debe existir un enfrentamiento, ya que los dos deben complementarse, es muy importante el valor agregado" a la producción primaria.Lamacchia agregó que "los enfrentamientos surgen cuando hay intereses sectoriales enfrentados" y resaltó que "se debe fijar una estrategia de acercamiento entre ambos sectores".
El dirigente industrial subrayó que "las retenciones van para los dos sectores", y dijo que "no podemos ser un país agro exportador; únicamente hay que consensuar los modelos económicos para el país". En sintonía con esta explicación, el vicepresidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Ignacio de Mendiguren, también dio por tierra con la idea de un enfrentamiento. "Se acabó la dicotomía campo-industria", indicó a Fortuna y agregó que "la Argentina necesita la complementariedad de ambos sectores", uno como el campo concentrado en el sector externo y la industria en el mercado interno. El industrial recordó que en Europa por ejemplo la industria aporta aproximadamente u$s 1000 millones de diarios para apoyar al agro, en circunstancias muy distintas a la Argentina. Además, existen ejemplos muy importantes de cooperación, como la fabricación de maquinaria agrícola, la producción de pollos y un caso muy importante de galpones desmontables para pollos, de los cuales ya se exportaron 1000.
Enemigo común.
El problema que más argumentan y en el que coinciden los hombres de campo y de la industria es que aún es muy difícil acceder al crédito para realizar las inversiones que se necesitan para llevar adelante un proceso de crecimiento. Uno de los problemas que aqueja al campo son las deudas contraídas antes del tiempo de las vacas gordas y ahora se hacen impagables con las altas tasas que les piden. "El Banco Nación no le hace ninguna quita a los productores agropecuarios, le refinancia la deuda con intereses del 18 por ciento.
Entonces hay dos Argentinas: una le hace quita a los acreedores externos y la otra de los productores agropecuarios endeudados que no nos premian con nada", indicó Simiele.Además, para la industria existe una gran incertidumbre por el cuasi agotamiento de la capacidad instalada y la falta de financiación que existe para pegar el salto de inversión que les permita producir al ritmo y necesidades que requiere un aparato industrial moderno con un gran nivel de exportaciones.
Los últimos datos oficiales del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos muestran que la capacidad instalada de la industria está en un 73,5 por ciento de utilización y que faltaría una fuerte inversión de parte de los industriales para aumentar la capacidad de producción nacional, ya que una gran parte de la misma estaba preparada para una baja producción, no al nivel que actualmente requiere la industria. Algunas de esas industrias ya casi están al 100%.
El principal reclamo empresario es la imposibilidad de incorporar tecnología y maquinaria de última generación debido a la falta de financiamiento. "Hay que poner el foco en la inversión. Aumentar la capacidad instalada", dijo De Mendiguren, y subrayó que el desafío del 2006 es "consolidar el rumbo a través de mayor inversión" para destrabar los cuellos de botella de una economía que crece al 9 por ciento y que si sigue así puede batir su record de crecimiento de los últimos 100 años.
Entre las posibles soluciones, algunos empresarios coinciden en que debería crearse un banco de desarrollo que financie inversiones de riesgo para las industrias, ya que no ven al Banco Nación cumpliendo este rol, y menos a la banca privada. Apuntando a estas falencias el gobierno anunció nuevas líneas de crédito por u$s 1.500 millones que estarán destinadas a financiar inversiones productivas, con el objetivo de incrementar la oferta de bienes y atenuar las presiones inflacionarias.El anuncio fue hecho por el presidente Kirchner, junto a Miceli y al flamante presidente del Banco Nación, Ricardo Lospinnato.
Los reclamos sectoriales son muchos, pero llama la atención uno que aún no tuvo respuestas claras, que es la importación de bienes de capital usados, específicamente maquinaria tanto agrícola como vial. Esta es una gran pelea que viene dando la Cámara Argentina de Importadores de Bienes de Capital (CAIBIC), cuyo presidente, Miguel Angel Dousdebés, explicó a Fortuna que para promover las inversiones "habría que permitir que las pequeñas y medianas empresas puedan adquirir bienes de capital usados en el exterior". El problema es que algunas reglamentaciones en la importación de este tipo de materiales (por ejemplo, grúas, excavadoras) obliga a los compradores a adquirir equipos nuevos o con muy poco uso que son muy caros y que en algunos casos ni se fabrican en el país. Según Dousdebés, "una grúa nueva cuesta un millón de euros y una usada 200 mil". Algo llamativo con la cantidad de obra pública proyectada.
Palabra oficial.
El secretario de Política Económica del Ministerio de Economía, Oscar Tangelson, señaló que "uno tiene que tomar en cuenta que en una historia de la Argentina donde hemos tenido enfrentamientos de distinta naturaleza, la construcción de espacios comunes es uno de los objetivos fundamentales que debemos tener" y destacó que para acercar a los sectores existe el Consejo Federal de la Producción, cuyo propósito fundamental es ver como construir un país diverso.
Como respuesta a por lo menos algunos de los reclamos, el Presupuesto Nacional para el 2006 enviado por el Ejecutivo al Congreso marca una nueva tendencia a, por lo menos, escuchar a los sectores que tanto reclaman como los del campo.En ese sentido, uno de los puntos indica que la formulación de políticas del sector primario demandará $ 108,5 millones, un 43,3% más que el año anterior. El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) se llevará 387 millones, 56,6% más, y el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), 299,8 millones, un 74% más. Esta es la gran queja del campo que señala a varios sectores como receptores del supuesto "proteccionismo" oficial, como son por ejemplo la industria automotriz, la de electrónica, juguetes y zapatos. Además señalan a los productores de pollos.
Futuro.
El desafío para el futuro es primordial para que ambos sectores sigan en pujando por el control del motor económico del país. Además, los desafíos son crecer y actualizarse. "Hay que modernizarse y perder el miedo a hablar de las cosas que han hecho otros países con respecto a su campo", dijo Simiele y recordó el ejemplo de Australia, dónde siguieron el camino del campo de la agroindustria y la agro alimentación. De Mendiguren aportó en el mismo sentido que "el país debe aprovechar el escenario positivo con el que cuenta" y que "hay que encontrar el equilibrio que permita el desarrollo social".
Aunque no se descartan las ventajas que ofrecieron los problemas climáticos en Asia, Europa, EE.UU. y Brasil, favorecieron a la Argentina, los expertos creen que no se puede dejar de preparar políticas a largo plazo que acompañen el crecimiento de ambos sectores.
En el gobierno creen que en el país aún el consumo es insuficiente y mantienen la fe en tener un tipo de cambio alto que haga competitivos a los productos nacionales. Finalmente, para el IAEF, de cara hacia el futuro, el sector agrícola "está sujeto a la variabilidad de precios y al clima", y "para la industria manufacturera el desafío es generar un shock de inversiones significativas para lograr un incremento sustancial de su producción sin que surjan cuellos de botella".
Seguramente estas tendencias se consolidarán en el futuro, pese a las oscilaciones que implique el ciclo económico internacional, y lo más probable es que ambos sectores –aunque no quieran– deban jugar en el mismo equipo para lograr mantener su función en el desarrollo argentino.
De la Revista Fortuna
Son los nuevos dueños del crecimiento, y acaban de cerrar un año espectacular. Sin embargo, campo e industria todavía se miran entre sí con recelo. Retenciones y capacidad instalada. Los números y proyecciones de dos sectores que, si se complementan, pueden generar la mayor sinergia económica de la historia.
El campo y la industria pasaron un año que en los números se podría calificar como espectacular, ya que exportaciones record, cosecha de granos record y producción record los ubicaron como los protagonistas excluyentes de la nueva economía argentina, con un crecimiento sostenido durante los últimos 12 trimestres. Desde agosto del 2002 a este año acumula un 30 por ciento de crecimiento. Este supera el record alcanzado a mediados de 1998, antes de la recesión.De todos modos, ambos sectores se miran entre sí con recelo, y centran sus expectativas para este año en la dirección que tomará la nueva ministra de Economía.
Los industriales son los que cuentan con mejor performance actual ya que tenían un buen diálogo con la ex titular del Banco Nación y además habían recibido un trato muy bueno por parte del equipo anterior que encabezaba Roberto Lavagna.
En tanto, los que bajaron los decibeles confrontativos para ver si mejora su relación con el gobierno de Néstor Kirchner son los sectores agrarios, que ya tuvieron muchos encontronazos debido a las retenciones a las exportaciones y la falta –según indican– de beneficios para ayudarlos a superar la baja en sus márgenes de ganancias. Pese a esta actitud fueron los primeros protagonistas de una controversia coyuntural con el gobierno debido al problema suscitado por la pelea por los precios, y el aumento de las retenciones a exportaciones de carne.
Números. La producción industrial argentina está terminando su tercer año consecutivo de explosivo aumento, luego de haber concluido el 2004 con una mejora del 10,7 por ciento y el 2003 con una del 16,3 por ciento. Para 2005 se espera la confirmación de un porcentual de 7,9.
En el campo la cosa también es importante, ya que se incrementaron en forma muy elevada los terrenos dónde se desarrolla la industria y la producción debido a la cosecha record de 80 millones de toneladas de granos.Un informe del IERAL, de la Fundación Mediterránea, estima que la actividad agrícola y particularmente los granos representan "los sectores más dinámicos" de la actividad agropecuaria. Para los especialistas, una economía exitosa requiere una equilibrada articulación de su perfil productivo siguiendo el patrón de sus ventajas competitivas, en donde los diferentes sectores alcancen una adecuada complementación siguiendo las señales del mercado.
Según un informe del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas, –IAEF– en la Argentina la industria manufacturera contribuye con la generación del 24% del valor agregado bruto (medido a precios corrientes) en tanto que agricultura, ganadería, caza y pesca aporta otro 10%. Dos veredas. Pese a esto, y a la igualdad que aparecen en los números, en cuanto se los señaló como los motores de la economía, desde ambos sectores se muestran reacios a compartir la gloria con el otro y se señalan editando una nueva y remozada versión de la "guerra entre el campo y la industria" que acompaña al país desde principios del siglo XX cuando la industria comenzó a socavarle el terreno al campo.
Así se desarrolla una "guerra fría" que no es admitida por ninguno de los contrincantes pero que los mantiene alertas en la búsqueda de nuevos aliados, y –especialmente– hacia donde miran las autoridades con planes de apoyo y beneficios.En los últimos dos años, los que más se han quejado son los sectores del agro. "Se hizo una devaluación demasiado alta para premiar a la industria argentina ineficiente", dijo a Fortuna Osvaldo Simiele, director general de la Sociedad Rural Argentina, y agregó, tajante: "El campo está totalmente desprotegido y es el motor de la economía nacional".
El tema central entre los hombres del agro son las retenciones que les aplica el Ministerio de Economía, sin fecha de expiración. En ese sentido, Simiele reconoce que el campo ganó mucho dinero con el dólar y además considera razonable y saludable que se hayan tomado medidas para favorecer a los más necesitados."Lo que no consideramos razonable es la habitualidad del método. Como eventualidad está muy bien, pero como habitualidad es perjudicial porque los precios nuestros se quedaron o bajaron, pero los insumos fueron subiendo. Esto quiere decir que la brecha de utilidad es cada vez menor. Esto es lo que vemos como contraproducente, como el impuesto al cheque y otros impuestos distorsivos que se aplican. No queremos que las quiten de golpe, que haya gradualismo".
Los argumentos de Simiele no difieren del resto de las entidades agrarias que reclaman medidas urgentes para bajar la carga de sus hombros. Hace tiempo, Confederaciones Rurales Argentinas lanzó una dura crítica contra el ex ministro de Economía Roberto Lavagna al señalar que "una política de dólar alto, con retenciones a las producciones agropecuarias, constituye una ecuación insostenible, que induce a tensiones insoportables en nuestra economía". Sólo en retenciones, los dirigentes agrarios señalan que su sector ya colaboró, en lo que va del año, con al menos $ 14.500 millones para el superávit fiscal.
Según el vicepresidente de la CRA, Néstor Roulet, "la producción primaria está subsidiando a la industria. Eso lo hacen en base a las retenciones". Además subrayó que debido a las retenciones "Nosotros vendemos a un dólar a $2,30. El dólar alto no nos sirve de nada. Las ventajas las tienen las industrias de sustitución de importaciones".
Lo cierto es que este año algunos factores afectaron a la siembra como a la rentabilidad de la misma. Otro tanto tuvieron los productores de carne. A raíz de la caída de precios y la suba de costos se redujo este año la siembra de cereales. Por ejemplo, en cuanto a fertilizantes ya tuvieron que soportar un 100 % de aumento, ya que la marca más conocida pasó de u$s 200 la tonelada a 400.
Visión industrial.
Por su parte, desde la visión industrial la confrontación no existe; lo que hay es una visión distinta de un modelo de país agro exportador o productor de manufacturas. Por ejemplo, para el titular de la Federación Económica de la Provincia de Buenos Aires, Raúl Lamacchia, "no debe existir un enfrentamiento, ya que los dos deben complementarse, es muy importante el valor agregado" a la producción primaria.Lamacchia agregó que "los enfrentamientos surgen cuando hay intereses sectoriales enfrentados" y resaltó que "se debe fijar una estrategia de acercamiento entre ambos sectores".
El dirigente industrial subrayó que "las retenciones van para los dos sectores", y dijo que "no podemos ser un país agro exportador; únicamente hay que consensuar los modelos económicos para el país". En sintonía con esta explicación, el vicepresidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Ignacio de Mendiguren, también dio por tierra con la idea de un enfrentamiento. "Se acabó la dicotomía campo-industria", indicó a Fortuna y agregó que "la Argentina necesita la complementariedad de ambos sectores", uno como el campo concentrado en el sector externo y la industria en el mercado interno. El industrial recordó que en Europa por ejemplo la industria aporta aproximadamente u$s 1000 millones de diarios para apoyar al agro, en circunstancias muy distintas a la Argentina. Además, existen ejemplos muy importantes de cooperación, como la fabricación de maquinaria agrícola, la producción de pollos y un caso muy importante de galpones desmontables para pollos, de los cuales ya se exportaron 1000.
Enemigo común.
El problema que más argumentan y en el que coinciden los hombres de campo y de la industria es que aún es muy difícil acceder al crédito para realizar las inversiones que se necesitan para llevar adelante un proceso de crecimiento. Uno de los problemas que aqueja al campo son las deudas contraídas antes del tiempo de las vacas gordas y ahora se hacen impagables con las altas tasas que les piden. "El Banco Nación no le hace ninguna quita a los productores agropecuarios, le refinancia la deuda con intereses del 18 por ciento.
Entonces hay dos Argentinas: una le hace quita a los acreedores externos y la otra de los productores agropecuarios endeudados que no nos premian con nada", indicó Simiele.Además, para la industria existe una gran incertidumbre por el cuasi agotamiento de la capacidad instalada y la falta de financiación que existe para pegar el salto de inversión que les permita producir al ritmo y necesidades que requiere un aparato industrial moderno con un gran nivel de exportaciones.
Los últimos datos oficiales del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos muestran que la capacidad instalada de la industria está en un 73,5 por ciento de utilización y que faltaría una fuerte inversión de parte de los industriales para aumentar la capacidad de producción nacional, ya que una gran parte de la misma estaba preparada para una baja producción, no al nivel que actualmente requiere la industria. Algunas de esas industrias ya casi están al 100%.
El principal reclamo empresario es la imposibilidad de incorporar tecnología y maquinaria de última generación debido a la falta de financiamiento. "Hay que poner el foco en la inversión. Aumentar la capacidad instalada", dijo De Mendiguren, y subrayó que el desafío del 2006 es "consolidar el rumbo a través de mayor inversión" para destrabar los cuellos de botella de una economía que crece al 9 por ciento y que si sigue así puede batir su record de crecimiento de los últimos 100 años.
Entre las posibles soluciones, algunos empresarios coinciden en que debería crearse un banco de desarrollo que financie inversiones de riesgo para las industrias, ya que no ven al Banco Nación cumpliendo este rol, y menos a la banca privada. Apuntando a estas falencias el gobierno anunció nuevas líneas de crédito por u$s 1.500 millones que estarán destinadas a financiar inversiones productivas, con el objetivo de incrementar la oferta de bienes y atenuar las presiones inflacionarias.El anuncio fue hecho por el presidente Kirchner, junto a Miceli y al flamante presidente del Banco Nación, Ricardo Lospinnato.
Los reclamos sectoriales son muchos, pero llama la atención uno que aún no tuvo respuestas claras, que es la importación de bienes de capital usados, específicamente maquinaria tanto agrícola como vial. Esta es una gran pelea que viene dando la Cámara Argentina de Importadores de Bienes de Capital (CAIBIC), cuyo presidente, Miguel Angel Dousdebés, explicó a Fortuna que para promover las inversiones "habría que permitir que las pequeñas y medianas empresas puedan adquirir bienes de capital usados en el exterior". El problema es que algunas reglamentaciones en la importación de este tipo de materiales (por ejemplo, grúas, excavadoras) obliga a los compradores a adquirir equipos nuevos o con muy poco uso que son muy caros y que en algunos casos ni se fabrican en el país. Según Dousdebés, "una grúa nueva cuesta un millón de euros y una usada 200 mil". Algo llamativo con la cantidad de obra pública proyectada.
Palabra oficial.
El secretario de Política Económica del Ministerio de Economía, Oscar Tangelson, señaló que "uno tiene que tomar en cuenta que en una historia de la Argentina donde hemos tenido enfrentamientos de distinta naturaleza, la construcción de espacios comunes es uno de los objetivos fundamentales que debemos tener" y destacó que para acercar a los sectores existe el Consejo Federal de la Producción, cuyo propósito fundamental es ver como construir un país diverso.
Como respuesta a por lo menos algunos de los reclamos, el Presupuesto Nacional para el 2006 enviado por el Ejecutivo al Congreso marca una nueva tendencia a, por lo menos, escuchar a los sectores que tanto reclaman como los del campo.En ese sentido, uno de los puntos indica que la formulación de políticas del sector primario demandará $ 108,5 millones, un 43,3% más que el año anterior. El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) se llevará 387 millones, 56,6% más, y el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), 299,8 millones, un 74% más. Esta es la gran queja del campo que señala a varios sectores como receptores del supuesto "proteccionismo" oficial, como son por ejemplo la industria automotriz, la de electrónica, juguetes y zapatos. Además señalan a los productores de pollos.
Futuro.
El desafío para el futuro es primordial para que ambos sectores sigan en pujando por el control del motor económico del país. Además, los desafíos son crecer y actualizarse. "Hay que modernizarse y perder el miedo a hablar de las cosas que han hecho otros países con respecto a su campo", dijo Simiele y recordó el ejemplo de Australia, dónde siguieron el camino del campo de la agroindustria y la agro alimentación. De Mendiguren aportó en el mismo sentido que "el país debe aprovechar el escenario positivo con el que cuenta" y que "hay que encontrar el equilibrio que permita el desarrollo social".
Aunque no se descartan las ventajas que ofrecieron los problemas climáticos en Asia, Europa, EE.UU. y Brasil, favorecieron a la Argentina, los expertos creen que no se puede dejar de preparar políticas a largo plazo que acompañen el crecimiento de ambos sectores.
En el gobierno creen que en el país aún el consumo es insuficiente y mantienen la fe en tener un tipo de cambio alto que haga competitivos a los productos nacionales. Finalmente, para el IAEF, de cara hacia el futuro, el sector agrícola "está sujeto a la variabilidad de precios y al clima", y "para la industria manufacturera el desafío es generar un shock de inversiones significativas para lograr un incremento sustancial de su producción sin que surjan cuellos de botella".
Seguramente estas tendencias se consolidarán en el futuro, pese a las oscilaciones que implique el ciclo económico internacional, y lo más probable es que ambos sectores –aunque no quieran– deban jugar en el mismo equipo para lograr mantener su función en el desarrollo argentino.
De la Revista Fortuna
Ser Feliz
¿Creés que la felicidad la trae el dinero, el amor o la salud? La clave está en cómo te relacionás con vos mismo y con los otros. Hacen falta optimismo, hormonas anti-stress, autonomía, emociones positivas, dopamina, endorfinas y creatividad. Todo mezclado con el último grito de la moda: resiliencia. Y mucha risa.
Buenas noticias: podés tomar el control de tu propia felicidad. O de un buen porcentaje de ella. Al menos así lo muestra el boom de investigaciones científicas que la tienen como target. Aunque con distintos nombres y abordajes, la búsqueda de la felicidad viene insistiendo entre filósofos y optimistas de diversos credos desde hace siglos. Sin embargo, la nueva reivindicación surgió apenas unos años atrás, cuando un grupo de psicólogos norteamericanos, hartos de transitar los pasillos de la depresión, la angustia y las fobias, decidieron enfocar su mirada científica en la dirección del lado menos oscuro de la salud mental. Así nació la Psicología Positiva, con Martin Seligman -de la Universidad de Pensilvania y ex presidente de la Asociación Norteamericana de Psicología- y Edward Diener -de la Universidad de Illinois- a la cabeza. Explotar el costado placentero de la vida, comprometerse con lo que uno hace y encontrarle un sentido existencial trascendente, son los tres caminos que conducen a la Autentica Felicidad, tal el título del libro de Martin Seligman.
La receta es salir de uno para ocuparse de otro, mediante gestos de gratitud y generosidad, tal como los que describen quienes realizan tareas de voluntariado en iglesias, hospitales, escuelas, barrios humildes. Lo que parece hecho para otro se convierte en un bumerang que los conecta con un sentido de trascendencia que muchos definen como el encuentro. En este sentido, cada vez más investigaciones revelan que las creencias religiosas son un capital fundamental a la hora de no desbarrancarse ante los problemas. Pero, ¿cómo recortar algo tan etéreo como la felicidad? Científicos estadounidenses definen la felicidad como “satisfacción con la vida” y así la investigan.
¿Se nace o se hace feliz?
Uno de los primeros límites que tuvieron que salvar, en defensa del nuevo campo del Tú-Puedes-Ser-Feliz, fue el determinismo genético de la felicidad que había sido promulgado en 1996 por David Lykken y Auke Tellegen, de la Universidad de Minnesota, en los Estados Unidos. Estos genetistas del comportamiento indagaron a 2.300 mellizos y concluyeron que el 50% de la satisfacción personal con la vida viene escrita en el ADN.
El dinero, el estatus matrimonial, la religión y la educación aportarían apenas un 8% a la cuenta de la felicidad. El 42% restante quedaría librado a los vaivenes de la vida.Lykken avanzó un paso más y postuló que nuestro estado de ánimo tiene un punto de equilibrio al que siempre regresamos. Este estado básico de felicidad/infelicidad no se modifica con hechos excepcionales como puede ser ganarse la lotería y ni siquiera con el Bingo de Susana Giménez. Pasado un tiempo de júbilo inicial, como un eterno retorno de lo igual, se vuelve al mismo nivel de satisfacción.
Un estudio realizado por los fundadores de la Psicología Positiva y publicado el año pasado en la revista Psychological Science concluyó: “El estatus económico no define el bienestar de una nación”. Es más: la carrera del consumo, la fama y el dinero demostró ser la puerta de entrada a emociones displacenteras y frustrantes, depresión y ansiedad, según el psicólogo Tim Passer. Como muestra: Angelina Jolie, a pesar de su apellido alegre, anduvo flagelándose por la vida hasta que adoptó un niño (y lo enganchó a Brad Pitt).
Payasos como el Dr. Patch Adams suelen ser unos amargos y, acá mismo, sobran los ejemplos de humoristas hundidos en la desesperación, como el gran Olmedo. Hasta un galán exitoso de telenovela, Mario Cimarro, de Pasión de gavilanes, reconoce que el éxito le trajo infelicidad y arruinó su matrimonio.
El psicoanalista norteamericano Michael Guy Thompson aportó la frutilla del postre: “A pesar de la prosperidad que disfrutamos los norteamericanos, con un nivel de vida que es la envidia del mundo, cada año gastamos millones de dólares en antidepresivos y ansiolíticos; y aunque son efectivos para aliviar nuestro sufrimiento, poco es lo que pueden hacer para convertirnos en seres humanos más felices”.
Un estudio que define el ranking de las sociedades más felices confirma que el dinero no hace la felicidad ni mucho menos. Países no muy ricos, como México, están en le top ten de la alegría. La Argentina quedó ubicada en un digno nivel medio de felicidad y bienestar (puesto 28, entre 84 analizados). Y los habitantes de Indonesia son los más infelices, incluso antes del tsunami.Otro de los fetiches que también se desintegró como productor de felicidad fue la pareja. Un estudio publicado en el Journal of Personality and Social Psychology, buceó durante 15 años la satisfacción matrimonial de 24.000 alemanes y llegó al decepcionante concepto de adaptación: el matrimonio dispara un brote inicial de felicidad que retorna a los niveles previos apenas se rompe la magia. Claro que el amor no se limita a la pareja. El amor hacia los otros, la generosidad y los sentimientos de gratitud son puntos a favor a la hora de sentirse feliz.
Lo que importa es la salud
Muchas investigaciones vinculan emociones positivas con salud física. Una de las últimas fue publicada el mes pasado por la prestigiosa revista Proceedings of the Nacional Academy of Sciences de los Estados Unidos. En este estudio, Andrew Steptoe -del University College London- rastreó la vía química que une estados mentales positivos y buena salud. Al sumarle momentáneas experiencias de felicidad a un día habitual de trabajo de los londinenses estudiados, Steptoe encontró una considerable reducción de cortisol, la hormona del stress, responsable de desencadenar una catarata de respuestas hormonales y nerviosas muy nocivas para el cuerpo. Además, bajo el estricto control de un monitor, el corazón respondió bajando sus pulsaciones a los momentos de felicidad propuestos.
Existen incluso experimentos que demuestran los efectos benéficos que tienen la risa, la meditación y el yoga. Pero existe una paradoja: ¿nos reímos porque nos sentimos felices o somos felices porque nos reimos? Algunos afirman que el sólo hecho de ponerse a reír es terapéutico. La risa liberaría ciertos compuestos a nivel cerebral (como la endorfina y la dopamina) vinculadas al placer, la calma y la gratificación. Otros expertos apuestan a que el comportamiento extrovertido -en vez de tímido y retraído- suma para ser feliz. Pero la fórmula no se cumple siempre. Hay personas optimistas que se enferman, y otras que parecen alargar sus años de vida gracias a su actitud positiva. Aunque existe una correlación entre alegría y salud, el secreto de la felicidad sigue siendo esquivo para la medicina.
La llave empieza a dibujarla la psicología, la felicidad psicológica “Nuestro bienestar depende de cómo nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás. Es decir, que los recursos para el bienestar están primordialmente adentro nuestro y en nuestra red interpersonal. Esto significa que, a pesar de la disposición biológica, es mucho lo que podemos hacer para influir positivamente en nuestro nivel de bienestar”, lanza Cecile Rausch Herscovici, profesora de la Universidad del Salvador y co-autora del libro El bienestar que buscamos. Y rescata tres caminos marcados por la Psicología Positiva: “la bondad, la gratitud y la capacidad de amar están directamente asociadas a la felicidad, ya que hacen que uno se sienta más y mejor conectado con el otro y con su entorno”.
Algunas claves de fácil concreción: “tener un gesto de amabilidad; hacer un inventario diario de cosas que hayan salido bien; perdonar; agradecer; cuidar el propio cuerpo; dedicar tiempo para estar con amigos…”
Por su parte, la psicóloga Kennon Sheldom, de la Universidad de Missouri, coordinó una investigación que delimitó cuatro necesidades psicológicas básicas para el camino hacia la felicidad. En diálogo con NEO, enumera: “autonomía (que no significa individualismo sino sentido de pertenencia con lo que se hace); competitividad (ser efectivo en lo de cada uno); capacidad de vincularse con los otros; y autoestima”.Desde una posición que siempre se catalogó como sombría, emerge el Psicoanálisis, al parecer enemigo público de la Psicología Positiva. “Siempre se le adjudicó al psicoanálisis una mirada pesimista, pero es por lo menos infantil pensar en la felicidad idílica en un mundo plagado de injusticias, guerras y dificultades. A ellas se refirió Freud cuando habló del inevitable malestar enquistado en la cultura”, comenta el psicoanalista Emilio Aguerreberry, profesor de Salud Mental de la UBA.
Ya a principios del siglo pasado, el mismísimo Freud postuló que “con una vida mental restaurada el individuo tendrá mejores armas para luchar contra la infelicidad”. Es decir que su premisa de base no fue la construcción de la felicidad sino la defensa contra la infelicidad. “Esto significa que el objetivo de un tratamiento psicoanalítico no está dirigido a alcanzar la felicidad sino a obtener una buena disposición mental para acercarse lo más posible a ella”, sostiene Aguerreberry. “Porque el error es entender la felicidad como una estación de llegada y no como el camino. Obtener todo lo que se sueña, la satisfacción absoluta, implica la ausencia de deseo y, en este sentido, es la antítesis de la vida y de la salud”.
“La felicidad, en la gente inteligente, es lo más raro que hay”, observó Ernest Hemingway, un escritor que vivió entre la alegría y la depresión hasta el final, como algunos miembros de su familia. Quizás, habría que recurrir al muy de moda concepto de “resiliencia”, como una capacidad de fortalecerse gracias a la relación con los otros, que se aprende más allá de lo que cada uno trae desde la cuna.
El médico y psicólogo norteamericano Peter Ubella asegura: “Las personas son más resilientes de lo que creen que puede ser, y pueden atravesar cosas que probablemente nunca imaginaron que podrían”. De última, si la capacidad de amar e interactuar con los otros no te hace feliz, conseguite un perro. Las mascotas no sólo alegran la vida de los deprimidos, sino que también ayudan a bajar los niveles de colesterol y presión arterial, disminuyen la sensación de soledad, mantienen el corazón funcionando a buen ritmo y ayudan a seguir las dietas.
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¿Creés que la felicidad la trae el dinero, el amor o la salud? La clave está en cómo te relacionás con vos mismo y con los otros. Hacen falta optimismo, hormonas anti-stress, autonomía, emociones positivas, dopamina, endorfinas y creatividad. Todo mezclado con el último grito de la moda: resiliencia. Y mucha risa.
Buenas noticias: podés tomar el control de tu propia felicidad. O de un buen porcentaje de ella. Al menos así lo muestra el boom de investigaciones científicas que la tienen como target. Aunque con distintos nombres y abordajes, la búsqueda de la felicidad viene insistiendo entre filósofos y optimistas de diversos credos desde hace siglos. Sin embargo, la nueva reivindicación surgió apenas unos años atrás, cuando un grupo de psicólogos norteamericanos, hartos de transitar los pasillos de la depresión, la angustia y las fobias, decidieron enfocar su mirada científica en la dirección del lado menos oscuro de la salud mental. Así nació la Psicología Positiva, con Martin Seligman -de la Universidad de Pensilvania y ex presidente de la Asociación Norteamericana de Psicología- y Edward Diener -de la Universidad de Illinois- a la cabeza. Explotar el costado placentero de la vida, comprometerse con lo que uno hace y encontrarle un sentido existencial trascendente, son los tres caminos que conducen a la Autentica Felicidad, tal el título del libro de Martin Seligman.
La receta es salir de uno para ocuparse de otro, mediante gestos de gratitud y generosidad, tal como los que describen quienes realizan tareas de voluntariado en iglesias, hospitales, escuelas, barrios humildes. Lo que parece hecho para otro se convierte en un bumerang que los conecta con un sentido de trascendencia que muchos definen como el encuentro. En este sentido, cada vez más investigaciones revelan que las creencias religiosas son un capital fundamental a la hora de no desbarrancarse ante los problemas. Pero, ¿cómo recortar algo tan etéreo como la felicidad? Científicos estadounidenses definen la felicidad como “satisfacción con la vida” y así la investigan.
¿Se nace o se hace feliz?
Uno de los primeros límites que tuvieron que salvar, en defensa del nuevo campo del Tú-Puedes-Ser-Feliz, fue el determinismo genético de la felicidad que había sido promulgado en 1996 por David Lykken y Auke Tellegen, de la Universidad de Minnesota, en los Estados Unidos. Estos genetistas del comportamiento indagaron a 2.300 mellizos y concluyeron que el 50% de la satisfacción personal con la vida viene escrita en el ADN.
El dinero, el estatus matrimonial, la religión y la educación aportarían apenas un 8% a la cuenta de la felicidad. El 42% restante quedaría librado a los vaivenes de la vida.Lykken avanzó un paso más y postuló que nuestro estado de ánimo tiene un punto de equilibrio al que siempre regresamos. Este estado básico de felicidad/infelicidad no se modifica con hechos excepcionales como puede ser ganarse la lotería y ni siquiera con el Bingo de Susana Giménez. Pasado un tiempo de júbilo inicial, como un eterno retorno de lo igual, se vuelve al mismo nivel de satisfacción.
Un estudio realizado por los fundadores de la Psicología Positiva y publicado el año pasado en la revista Psychological Science concluyó: “El estatus económico no define el bienestar de una nación”. Es más: la carrera del consumo, la fama y el dinero demostró ser la puerta de entrada a emociones displacenteras y frustrantes, depresión y ansiedad, según el psicólogo Tim Passer. Como muestra: Angelina Jolie, a pesar de su apellido alegre, anduvo flagelándose por la vida hasta que adoptó un niño (y lo enganchó a Brad Pitt).
Payasos como el Dr. Patch Adams suelen ser unos amargos y, acá mismo, sobran los ejemplos de humoristas hundidos en la desesperación, como el gran Olmedo. Hasta un galán exitoso de telenovela, Mario Cimarro, de Pasión de gavilanes, reconoce que el éxito le trajo infelicidad y arruinó su matrimonio.
El psicoanalista norteamericano Michael Guy Thompson aportó la frutilla del postre: “A pesar de la prosperidad que disfrutamos los norteamericanos, con un nivel de vida que es la envidia del mundo, cada año gastamos millones de dólares en antidepresivos y ansiolíticos; y aunque son efectivos para aliviar nuestro sufrimiento, poco es lo que pueden hacer para convertirnos en seres humanos más felices”.
Un estudio que define el ranking de las sociedades más felices confirma que el dinero no hace la felicidad ni mucho menos. Países no muy ricos, como México, están en le top ten de la alegría. La Argentina quedó ubicada en un digno nivel medio de felicidad y bienestar (puesto 28, entre 84 analizados). Y los habitantes de Indonesia son los más infelices, incluso antes del tsunami.Otro de los fetiches que también se desintegró como productor de felicidad fue la pareja. Un estudio publicado en el Journal of Personality and Social Psychology, buceó durante 15 años la satisfacción matrimonial de 24.000 alemanes y llegó al decepcionante concepto de adaptación: el matrimonio dispara un brote inicial de felicidad que retorna a los niveles previos apenas se rompe la magia. Claro que el amor no se limita a la pareja. El amor hacia los otros, la generosidad y los sentimientos de gratitud son puntos a favor a la hora de sentirse feliz.
Lo que importa es la salud
Muchas investigaciones vinculan emociones positivas con salud física. Una de las últimas fue publicada el mes pasado por la prestigiosa revista Proceedings of the Nacional Academy of Sciences de los Estados Unidos. En este estudio, Andrew Steptoe -del University College London- rastreó la vía química que une estados mentales positivos y buena salud. Al sumarle momentáneas experiencias de felicidad a un día habitual de trabajo de los londinenses estudiados, Steptoe encontró una considerable reducción de cortisol, la hormona del stress, responsable de desencadenar una catarata de respuestas hormonales y nerviosas muy nocivas para el cuerpo. Además, bajo el estricto control de un monitor, el corazón respondió bajando sus pulsaciones a los momentos de felicidad propuestos.
Existen incluso experimentos que demuestran los efectos benéficos que tienen la risa, la meditación y el yoga. Pero existe una paradoja: ¿nos reímos porque nos sentimos felices o somos felices porque nos reimos? Algunos afirman que el sólo hecho de ponerse a reír es terapéutico. La risa liberaría ciertos compuestos a nivel cerebral (como la endorfina y la dopamina) vinculadas al placer, la calma y la gratificación. Otros expertos apuestan a que el comportamiento extrovertido -en vez de tímido y retraído- suma para ser feliz. Pero la fórmula no se cumple siempre. Hay personas optimistas que se enferman, y otras que parecen alargar sus años de vida gracias a su actitud positiva. Aunque existe una correlación entre alegría y salud, el secreto de la felicidad sigue siendo esquivo para la medicina.
La llave empieza a dibujarla la psicología, la felicidad psicológica “Nuestro bienestar depende de cómo nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás. Es decir, que los recursos para el bienestar están primordialmente adentro nuestro y en nuestra red interpersonal. Esto significa que, a pesar de la disposición biológica, es mucho lo que podemos hacer para influir positivamente en nuestro nivel de bienestar”, lanza Cecile Rausch Herscovici, profesora de la Universidad del Salvador y co-autora del libro El bienestar que buscamos. Y rescata tres caminos marcados por la Psicología Positiva: “la bondad, la gratitud y la capacidad de amar están directamente asociadas a la felicidad, ya que hacen que uno se sienta más y mejor conectado con el otro y con su entorno”.
Algunas claves de fácil concreción: “tener un gesto de amabilidad; hacer un inventario diario de cosas que hayan salido bien; perdonar; agradecer; cuidar el propio cuerpo; dedicar tiempo para estar con amigos…”
Por su parte, la psicóloga Kennon Sheldom, de la Universidad de Missouri, coordinó una investigación que delimitó cuatro necesidades psicológicas básicas para el camino hacia la felicidad. En diálogo con NEO, enumera: “autonomía (que no significa individualismo sino sentido de pertenencia con lo que se hace); competitividad (ser efectivo en lo de cada uno); capacidad de vincularse con los otros; y autoestima”.Desde una posición que siempre se catalogó como sombría, emerge el Psicoanálisis, al parecer enemigo público de la Psicología Positiva. “Siempre se le adjudicó al psicoanálisis una mirada pesimista, pero es por lo menos infantil pensar en la felicidad idílica en un mundo plagado de injusticias, guerras y dificultades. A ellas se refirió Freud cuando habló del inevitable malestar enquistado en la cultura”, comenta el psicoanalista Emilio Aguerreberry, profesor de Salud Mental de la UBA.
Ya a principios del siglo pasado, el mismísimo Freud postuló que “con una vida mental restaurada el individuo tendrá mejores armas para luchar contra la infelicidad”. Es decir que su premisa de base no fue la construcción de la felicidad sino la defensa contra la infelicidad. “Esto significa que el objetivo de un tratamiento psicoanalítico no está dirigido a alcanzar la felicidad sino a obtener una buena disposición mental para acercarse lo más posible a ella”, sostiene Aguerreberry. “Porque el error es entender la felicidad como una estación de llegada y no como el camino. Obtener todo lo que se sueña, la satisfacción absoluta, implica la ausencia de deseo y, en este sentido, es la antítesis de la vida y de la salud”.
“La felicidad, en la gente inteligente, es lo más raro que hay”, observó Ernest Hemingway, un escritor que vivió entre la alegría y la depresión hasta el final, como algunos miembros de su familia. Quizás, habría que recurrir al muy de moda concepto de “resiliencia”, como una capacidad de fortalecerse gracias a la relación con los otros, que se aprende más allá de lo que cada uno trae desde la cuna.
El médico y psicólogo norteamericano Peter Ubella asegura: “Las personas son más resilientes de lo que creen que puede ser, y pueden atravesar cosas que probablemente nunca imaginaron que podrían”. De última, si la capacidad de amar e interactuar con los otros no te hace feliz, conseguite un perro. Las mascotas no sólo alegran la vida de los deprimidos, sino que también ayudan a bajar los niveles de colesterol y presión arterial, disminuyen la sensación de soledad, mantienen el corazón funcionando a buen ritmo y ayudan a seguir las dietas.
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CARTA A LOS CRISTIANOSPARA AYUDAR A PENSAR LA NACIÓN
Mensaje dominical de monseñor Carmelo Giaquinta, administrador apostólico de Resistencia (1 de enero de 2006)
I. Año Nuevo: “¡Felicidades, Chaco! ¡Dios te bendiga!”
1. El Año Nuevo coincide con la imposición del nombre de Jesús al Niño cuyo nacimiento celebramos en Navidad. Desde que podemos pronunciar este precioso nombre, nos animamos a contar los años de nuestra existencia. El tiempo presente ha dejado de pertenecer a la desesperanza. “Jesús”, en hebreo, significa “Dios salva”. Ahora vale la pena vivir, aunque muchas veces tengamos que llorar.
2. Al aproximarse las doce de la medianoche, en muchas casas se golpean las manos o se hace ruido, significando que se echa al Año Viejo. Hermosa fantasía popular. Pero el Año Viejo no existe como tal, ni se lo puede echar. Lo viejo está en nuestro corazón. De allí, sí, lo podemos echar mediante el arrepentimiento del mal hecho durante el año transcurrido. Lo mismo vale del Año Nuevo. Tampoco éste existe ni se lo recibe como si fuese una persona. Es sólo una nueva posibilidad que Dios nos brinda para obrar el bien. Por ello nos alegramos, y chocamos nuestras copas, chin, chin, y nos deseamos mutuamente miles de felicidades. Yo también se las deseo de corazón a los cristianos y a todos los chaqueños.¡Felicidad, Chaco! ¡Dios te bendiga abundantemente!
II. Necesidad de participar
3. La felicidad proviene, en gran medida, de participar en la realización de algo que sentimos como bueno. No siempre somos sus protagonistas. Pero somos espectadores activos. Lo sucedido no habría sido lo mismo si no hubiésemos estado allí. Por ello contamos una mil veces el partido con que finalizó la Copa Tal, que tal vez sólo seguimos por radio. No hemos tocado una pelota, ni metido un gol. Sin embargo hablamos como si hubiésemos sido nosotros los que tuvimos a la tribuna delirando. Hemos participado de alguna manera. En cambio, cuando somos espectadores pasivos, lo que acontece nos causa indiferencia, o tristeza. Mucho peor si estamos excluidos. La reacción puede llegar a la bronca incontrolada.
Lo mismo acontece en la vida de la República. Muchas idas y vueltas de la historia argentina tienen su explicación en que un sector u otro fue excluido. No se le permitió participar.
4. Por ello la “participación” es otra de las columnas de la Doctrina Social de la Iglesia. Es una “consecuencia característica de la subsidiaridad, que se expresa, esencialmente, en una serie de actividades mediante las cuales el ciudadano, como individuo o asociado a otros, directamente o por medio de los propios representantes, contribuye a la vida cultural, económica, política y social de la comunidad civil a la que pertenece. Es un deber que todos han de cumplir conscientemente, en modo responsable y con vistas al bien común. No puede ser delimitada o restringida a algún contenido particular de la vida social”. “La participación en la vida comunitaria no es solamente una de las mayores aspiraciones del ciudadano, llamado a ejercitar libre y responsablemente el propio papel cívico con y para los demás, sino también uno de los pilares de todos los ordenamientos democráticos, además de una de las mejores garantías de permanencia de la democracia” (C 189, 190).
III. Situaciones y Cuestiones
5. En la Carta pastoral, que comento, los Obispos preguntamos: “¿Cuál es el grado de participación del argentino en la vida social, y, particularmente, en la defensa y el progreso de la sociedad política? Hay muchos signos positivos. En general, parece satisfactorio el índice de los votantes y aumenta la participación en la sociedad civil: centros vecinales, clubes, ONG de todo tipo, colegios profesionales, etc. Pero también hay señales negativas. Se exigen derechos, pero no siempre se conocen ni cumplen los deberes. Que el pueblo no interviene en el gobierno sino por sus representantes: es un principio que muchas veces se interpreta mal. Se piensa que los deberes del ciudadano se agotan en el acto eleccionario. Cumplido éste, muchos se despiden de su ciudadanía hasta la próxima elección. No son conscientes que a la salida del cuarto oscuro los aguarda la vida cotidiana con una multitud de otros deberes ciudadanos, de diverso grado, pero todos necesarios para actuar como ciudadanos y construir la República: desde no cruzar el semáforo en rojo, no hacer ruidos molestos, cuidar la limpieza de los espacios públicos, realizar bien el trabajo, pagar los servicios e impuestos, exigir cuentas de su recta administración, hacer con responsabilidad la propia opción partidaria, respetar la ajena, entablar un diálogo democrático con ella. Y así, hasta el cumplimiento de deberes más graves, como postularse para un cargo público, y, si fuere el caso, hacer juicio político a la autoridad constituida, etc. Olvidan que el cumplimiento de estos deberes es la respuesta necesaria a la sociedad, la cual defiende y promueve los derechos de los cuales gozan. No sin razón se ha dicho que los argentinos somos 37 millones de habitantes, pero no logramos ser 37 millones de ciudadanos. El habitante usufructúa la Nación y sólo exige derechos. El ciudadano la construye porque, además de exigir sus derechos, cumple sus deberes” (pf. 21).
6. “Entre las muchas cuestiones que surgen, planteamos las siguientes: ¿Cómo luchar para transformar la pasividad de muchos en una auténtica participación democrática en la sociedad política? ¿Cómo poner en marcha las iniciativas referidas a la reforma política que se acordaron en la Mesa del Diálogo Argentino? ¿Cómo garantizar que las promesas o proyectos electorales se concreten en leyes justas y oportunas? ¿Cómo garantizar jurídicamente el gran aporte de los voluntarios sin perjudicarlos a ellos ni a las instituciones a las cuales sirven con generosidad?
“Jesucristo, autor de nuestra fe y de nuestro compromiso ciudadano”: esta oración que rezamos el año pasado (2004) en preparación del Congreso Eucarístico Nacional de Corrientes, y este año (2005) para el Congreso de Laicos, continúa interpelándonos a los cristianos (pf. 21).
Mons. Carmelo Giaquinta, administrador apostólico de Resistencia
Mensaje dominical de monseñor Carmelo Giaquinta, administrador apostólico de Resistencia (1 de enero de 2006)
I. Año Nuevo: “¡Felicidades, Chaco! ¡Dios te bendiga!”
1. El Año Nuevo coincide con la imposición del nombre de Jesús al Niño cuyo nacimiento celebramos en Navidad. Desde que podemos pronunciar este precioso nombre, nos animamos a contar los años de nuestra existencia. El tiempo presente ha dejado de pertenecer a la desesperanza. “Jesús”, en hebreo, significa “Dios salva”. Ahora vale la pena vivir, aunque muchas veces tengamos que llorar.
2. Al aproximarse las doce de la medianoche, en muchas casas se golpean las manos o se hace ruido, significando que se echa al Año Viejo. Hermosa fantasía popular. Pero el Año Viejo no existe como tal, ni se lo puede echar. Lo viejo está en nuestro corazón. De allí, sí, lo podemos echar mediante el arrepentimiento del mal hecho durante el año transcurrido. Lo mismo vale del Año Nuevo. Tampoco éste existe ni se lo recibe como si fuese una persona. Es sólo una nueva posibilidad que Dios nos brinda para obrar el bien. Por ello nos alegramos, y chocamos nuestras copas, chin, chin, y nos deseamos mutuamente miles de felicidades. Yo también se las deseo de corazón a los cristianos y a todos los chaqueños.¡Felicidad, Chaco! ¡Dios te bendiga abundantemente!
II. Necesidad de participar
3. La felicidad proviene, en gran medida, de participar en la realización de algo que sentimos como bueno. No siempre somos sus protagonistas. Pero somos espectadores activos. Lo sucedido no habría sido lo mismo si no hubiésemos estado allí. Por ello contamos una mil veces el partido con que finalizó la Copa Tal, que tal vez sólo seguimos por radio. No hemos tocado una pelota, ni metido un gol. Sin embargo hablamos como si hubiésemos sido nosotros los que tuvimos a la tribuna delirando. Hemos participado de alguna manera. En cambio, cuando somos espectadores pasivos, lo que acontece nos causa indiferencia, o tristeza. Mucho peor si estamos excluidos. La reacción puede llegar a la bronca incontrolada.
Lo mismo acontece en la vida de la República. Muchas idas y vueltas de la historia argentina tienen su explicación en que un sector u otro fue excluido. No se le permitió participar.
4. Por ello la “participación” es otra de las columnas de la Doctrina Social de la Iglesia. Es una “consecuencia característica de la subsidiaridad, que se expresa, esencialmente, en una serie de actividades mediante las cuales el ciudadano, como individuo o asociado a otros, directamente o por medio de los propios representantes, contribuye a la vida cultural, económica, política y social de la comunidad civil a la que pertenece. Es un deber que todos han de cumplir conscientemente, en modo responsable y con vistas al bien común. No puede ser delimitada o restringida a algún contenido particular de la vida social”. “La participación en la vida comunitaria no es solamente una de las mayores aspiraciones del ciudadano, llamado a ejercitar libre y responsablemente el propio papel cívico con y para los demás, sino también uno de los pilares de todos los ordenamientos democráticos, además de una de las mejores garantías de permanencia de la democracia” (C 189, 190).
III. Situaciones y Cuestiones
5. En la Carta pastoral, que comento, los Obispos preguntamos: “¿Cuál es el grado de participación del argentino en la vida social, y, particularmente, en la defensa y el progreso de la sociedad política? Hay muchos signos positivos. En general, parece satisfactorio el índice de los votantes y aumenta la participación en la sociedad civil: centros vecinales, clubes, ONG de todo tipo, colegios profesionales, etc. Pero también hay señales negativas. Se exigen derechos, pero no siempre se conocen ni cumplen los deberes. Que el pueblo no interviene en el gobierno sino por sus representantes: es un principio que muchas veces se interpreta mal. Se piensa que los deberes del ciudadano se agotan en el acto eleccionario. Cumplido éste, muchos se despiden de su ciudadanía hasta la próxima elección. No son conscientes que a la salida del cuarto oscuro los aguarda la vida cotidiana con una multitud de otros deberes ciudadanos, de diverso grado, pero todos necesarios para actuar como ciudadanos y construir la República: desde no cruzar el semáforo en rojo, no hacer ruidos molestos, cuidar la limpieza de los espacios públicos, realizar bien el trabajo, pagar los servicios e impuestos, exigir cuentas de su recta administración, hacer con responsabilidad la propia opción partidaria, respetar la ajena, entablar un diálogo democrático con ella. Y así, hasta el cumplimiento de deberes más graves, como postularse para un cargo público, y, si fuere el caso, hacer juicio político a la autoridad constituida, etc. Olvidan que el cumplimiento de estos deberes es la respuesta necesaria a la sociedad, la cual defiende y promueve los derechos de los cuales gozan. No sin razón se ha dicho que los argentinos somos 37 millones de habitantes, pero no logramos ser 37 millones de ciudadanos. El habitante usufructúa la Nación y sólo exige derechos. El ciudadano la construye porque, además de exigir sus derechos, cumple sus deberes” (pf. 21).
6. “Entre las muchas cuestiones que surgen, planteamos las siguientes: ¿Cómo luchar para transformar la pasividad de muchos en una auténtica participación democrática en la sociedad política? ¿Cómo poner en marcha las iniciativas referidas a la reforma política que se acordaron en la Mesa del Diálogo Argentino? ¿Cómo garantizar que las promesas o proyectos electorales se concreten en leyes justas y oportunas? ¿Cómo garantizar jurídicamente el gran aporte de los voluntarios sin perjudicarlos a ellos ni a las instituciones a las cuales sirven con generosidad?
“Jesucristo, autor de nuestra fe y de nuestro compromiso ciudadano”: esta oración que rezamos el año pasado (2004) en preparación del Congreso Eucarístico Nacional de Corrientes, y este año (2005) para el Congreso de Laicos, continúa interpelándonos a los cristianos (pf. 21).
Mons. Carmelo Giaquinta, administrador apostólico de Resistencia
jueves, enero 05, 2006
No existe la democracia de uno
En las democracias nunca se otorga la totalidad del poder a nadie, sino que se lo distribuye entre órganos distintos para evitar que la concentración de poder coloque en riesgo los derechos de todos.
Ricardo Gil Lavedra. Presidente de la Convención de la UCR Capital.
En los últimos días del año la ciudadanía asistió a una intensa polémica en torno a un proyecto, que cuenta ya con media sanción del Senado, tendiente a modificar la ley reglamentaria del Consejo de la Magistratura.La negativa conjunta de la oposición a la iniciativa oficial, con base en el desconocimiento del "equilibrio" que la Constitución requiere para la integración de aquel órgano mereció una destemplada reacción del Presidente, quien imputó a los que no compartían el proyecto del gobierno "ser parte del pasado" e "impedirle gobernar".
Este episodio se suma a otros, como las expresiones de la senadora Fernández de Kirchner, en cuanto sustentó la fuerza de sus argumentaciones en estar "sentada sobre tres millones de votos", o la decisión de los legisladores oficialistas de prorrogar la emergencia, sin debate alguno, otorgando mayores y difusas facultades legislativas al Poder Ejecutivo.
Pareciera que detrás de estos sucesos se encuentran ciertas ideas decisionistas sobre la manera de ejercer el poder, según las cuales el importante apoyo electoral que recibió el Gobierno en las elecciones del pasado 23 de octubre suponen una amplia habilitación del pueblo para gobernar libremente e imponer la fuerza de la mayoría a la oposición. Esta última, perdidosa en las elecciones, debería entonces abstenerse de trabar la acción del Gobierno.Entiendo que este modo de pensar deja de lado principios básicos del funcionamiento de las sociedades democráticas. La regla de la mayoría es un procedimiento para adoptar resoluciones luego de agotado un debate racional que permite cambiar preferencias en procura de la imparcialidad, porque la mayoría no representa a todo el pueblo, sino a una parte de éste.
La soberanía popular también se expresa a través de la minoría, que debe ejercer honestamente la oposición. Cuando el pueblo ejerce una opción no pierde su libertad para cambiar de opinión en el futuro, por lo que las mayorías de hoy pueden ser las minorías del mañana y viceversa.En consecuencia, el principio de la mayoría no es absoluto sino limitado por los derechos de la minoría, por la separación de poderes, el sistema de frenos y contrapesos y el control de la justicia constitucional.
En las democracias nunca se otorga la totalidad del poder a nadie, sino que se lo distribuye entre órganos distintos para evitar que la concentración de poder coloque en riesgo los derechos de todos. En la audiencia pública convocada por casi todos los partidos políticos de oposición, de muy diferente ideología en algunos casos, se cuestionó la ruptura de las reglas básicas del juego democrático, en el caso de la existencia de una justicia independiente y la concentración excesiva de facultades legislativas en el Poder Ejecutivo. Ambos aspectos hacen a la esencia de cualquier república y no dependen de concepciones de derecha o de izquierda.
La independencia de los jueces se encuentra amenazada si el Poder Ejecutivo se asegura un poder de veto en la integración de las ternas de los candidatos a jueces o en la decisión de llevar adelante la remoción de un magistrado.La sola existencia de dicho poder resulta objetivamente un elemento de presión sobre el ánimo de los jueces que puede influir sobre la independencia de sus resoluciones.
De igual modo, la potestad de dictar leyes de alcance general obligatorias para todos los ciudadanos debe estar, en una república, a cargo de una asamblea donde se encuentren representados los intereses plurales de una sociedad. Respecto de esto último, si el desequilibrio entre el Congreso y el Presidente era ya brutal, a través de una amplísima delegación legislativa y el abuso en el dictado de decretos de necesidad y urgencia, la reciente sanción de la ley 26.077 supera todo lo imaginable. En efecto, dicha ley no sólo prorroga la emergencia social, económica, administrativa, financiera, cambiaria, sanitaria, ocupacional y alimentaria, sino que faculta al Poder Ejecutivo a "adoptar las medidas necesarias tendientes a lograr una salida ordenada de la situación de emergencia pública" (art. 1°).
La generalidad, imprecisión y ausencia de límites de tal concesión, que roza "la suma del poder público", importa una nueva abdicación de facultades legislativas que no reconoce antecedentes, pues prácticamente autoriza al Poder Ejecutivo a sancionar las normas que desee, a su solo antojo. La mención a un eventual control por parte de la Comisión Bicameral de Seguimiento (art. 6°) no puede atenderse seriamente si se repara en la casi nula actividad que ha tenido ese órgano hasta el presente.
La apelación a un estado de emergencia permanente, a una situación de excepción que habilita poderes extraordinarios en una sola persona, con difusos límites y escasos controles, sustentándose en el argumento de que esa es "la voluntad de la mayoría del pueblo", nada tiene que ver con una democracia constitucional en la que rija un Estado de derecho, sino con un régimen sin reglas y basado en la sola voluntad de un hombre.
La Argentina precisa estabilidad y previsibilidad, como condición indispensable para su progreso económico y social, que las normas sean dictadas por los órganos habilitados para ello, que sean observadas por las autoridades y los ciudadanos, que una justicia independiente controle sus desvíos y que las decisiones colectivas sean fruto de un debate serio de ideas. Sólo así la tan mentada "calidad institucional" dejará de ser una declamación hueca de sentido.
En las democracias nunca se otorga la totalidad del poder a nadie, sino que se lo distribuye entre órganos distintos para evitar que la concentración de poder coloque en riesgo los derechos de todos.
Ricardo Gil Lavedra. Presidente de la Convención de la UCR Capital.
En los últimos días del año la ciudadanía asistió a una intensa polémica en torno a un proyecto, que cuenta ya con media sanción del Senado, tendiente a modificar la ley reglamentaria del Consejo de la Magistratura.La negativa conjunta de la oposición a la iniciativa oficial, con base en el desconocimiento del "equilibrio" que la Constitución requiere para la integración de aquel órgano mereció una destemplada reacción del Presidente, quien imputó a los que no compartían el proyecto del gobierno "ser parte del pasado" e "impedirle gobernar".
Este episodio se suma a otros, como las expresiones de la senadora Fernández de Kirchner, en cuanto sustentó la fuerza de sus argumentaciones en estar "sentada sobre tres millones de votos", o la decisión de los legisladores oficialistas de prorrogar la emergencia, sin debate alguno, otorgando mayores y difusas facultades legislativas al Poder Ejecutivo.
Pareciera que detrás de estos sucesos se encuentran ciertas ideas decisionistas sobre la manera de ejercer el poder, según las cuales el importante apoyo electoral que recibió el Gobierno en las elecciones del pasado 23 de octubre suponen una amplia habilitación del pueblo para gobernar libremente e imponer la fuerza de la mayoría a la oposición. Esta última, perdidosa en las elecciones, debería entonces abstenerse de trabar la acción del Gobierno.Entiendo que este modo de pensar deja de lado principios básicos del funcionamiento de las sociedades democráticas. La regla de la mayoría es un procedimiento para adoptar resoluciones luego de agotado un debate racional que permite cambiar preferencias en procura de la imparcialidad, porque la mayoría no representa a todo el pueblo, sino a una parte de éste.
La soberanía popular también se expresa a través de la minoría, que debe ejercer honestamente la oposición. Cuando el pueblo ejerce una opción no pierde su libertad para cambiar de opinión en el futuro, por lo que las mayorías de hoy pueden ser las minorías del mañana y viceversa.En consecuencia, el principio de la mayoría no es absoluto sino limitado por los derechos de la minoría, por la separación de poderes, el sistema de frenos y contrapesos y el control de la justicia constitucional.
En las democracias nunca se otorga la totalidad del poder a nadie, sino que se lo distribuye entre órganos distintos para evitar que la concentración de poder coloque en riesgo los derechos de todos. En la audiencia pública convocada por casi todos los partidos políticos de oposición, de muy diferente ideología en algunos casos, se cuestionó la ruptura de las reglas básicas del juego democrático, en el caso de la existencia de una justicia independiente y la concentración excesiva de facultades legislativas en el Poder Ejecutivo. Ambos aspectos hacen a la esencia de cualquier república y no dependen de concepciones de derecha o de izquierda.
La independencia de los jueces se encuentra amenazada si el Poder Ejecutivo se asegura un poder de veto en la integración de las ternas de los candidatos a jueces o en la decisión de llevar adelante la remoción de un magistrado.La sola existencia de dicho poder resulta objetivamente un elemento de presión sobre el ánimo de los jueces que puede influir sobre la independencia de sus resoluciones.
De igual modo, la potestad de dictar leyes de alcance general obligatorias para todos los ciudadanos debe estar, en una república, a cargo de una asamblea donde se encuentren representados los intereses plurales de una sociedad. Respecto de esto último, si el desequilibrio entre el Congreso y el Presidente era ya brutal, a través de una amplísima delegación legislativa y el abuso en el dictado de decretos de necesidad y urgencia, la reciente sanción de la ley 26.077 supera todo lo imaginable. En efecto, dicha ley no sólo prorroga la emergencia social, económica, administrativa, financiera, cambiaria, sanitaria, ocupacional y alimentaria, sino que faculta al Poder Ejecutivo a "adoptar las medidas necesarias tendientes a lograr una salida ordenada de la situación de emergencia pública" (art. 1°).
La generalidad, imprecisión y ausencia de límites de tal concesión, que roza "la suma del poder público", importa una nueva abdicación de facultades legislativas que no reconoce antecedentes, pues prácticamente autoriza al Poder Ejecutivo a sancionar las normas que desee, a su solo antojo. La mención a un eventual control por parte de la Comisión Bicameral de Seguimiento (art. 6°) no puede atenderse seriamente si se repara en la casi nula actividad que ha tenido ese órgano hasta el presente.
La apelación a un estado de emergencia permanente, a una situación de excepción que habilita poderes extraordinarios en una sola persona, con difusos límites y escasos controles, sustentándose en el argumento de que esa es "la voluntad de la mayoría del pueblo", nada tiene que ver con una democracia constitucional en la que rija un Estado de derecho, sino con un régimen sin reglas y basado en la sola voluntad de un hombre.
La Argentina precisa estabilidad y previsibilidad, como condición indispensable para su progreso económico y social, que las normas sean dictadas por los órganos habilitados para ello, que sean observadas por las autoridades y los ciudadanos, que una justicia independiente controle sus desvíos y que las decisiones colectivas sean fruto de un debate serio de ideas. Sólo así la tan mentada "calidad institucional" dejará de ser una declamación hueca de sentido.
miércoles, enero 04, 2006
Zona de peligro
El grito sagrado como remedio para mecanismos democráticos débiles. Cuando la presión de la gente se pone por encima de las estructuras
Los entendidos llaman lo que está haciendo el gobierno del presidente Néstor Kirchner "el proyecto". Lo mismo que el malhadado "proceso" militar de los años setenta, se trata de una empresa retrógrada disfrazada de un intento de transformar la Argentina en un "país normal". Es de suponer que, al igual que los militares en aquella oportunidad, los kirchneristas toman en serio su propia retórica pero que, al darse cuenta de que reinventar el país no es tan fácil como imaginaban, se han convencido de que ha llegado la hora de aplastar o neutralizar los últimos focos de resistencia al "proyecto" que está en marcha.
Por cierto, desde las elecciones legislativas de octubre pasado en las que según sus propios cálculos el oficialismo se anotó el cuarenta por ciento de los votos, los kirchneristas ni siquiera se esfuerzan por ocultar sus ambiciones. Aún no dominan por completo el Congreso pero, con la ayuda de gobernadores provinciales que dependen de su relación con el presidente de turno, estarán en vías de lograrlo.
Aspiran a manejar la economía con arengas cuartelarias, acuerdos pactados en un clima de intimidación y, claro está, anuncios rimbombantes. Asimismo, avanzan sobre la Justicia con el propósito, dicen los muchos que temen al unicato, de avasallarla. Si bien nadie ignora que "el proyecto" kirchnerista está en una fase expansiva, experimentó un revés acaso pasajero al elegir sus diputados postergar el debate acerca de la reforma del Consejo de la Magistratura, aunque sólo fuera porque a raíz de las fiestas de fin de año no pudieron alcanzar el número que les hubiera permitido imponerse tal y como hicieron cuando era cuestión de colmar al Presidente de poderes de emergencia económicos.
Con todo, merced en buena medida a la combatividad de Cristina de Kirchner que quiere reducir de veinte a trece el número de miembros del Consejo, un cambio que según muchos facilitaría su virtual incorporación al oficialismo, además de los contras de siempre como Elisa Carrió se le opuso una multitud de agrupaciones conformadas por abogados y juristas, incluyendo a algunas que por lo común apoyan al gobierno, que vieron en la reforma propuesta un intento desvergonzado por poner fin a lo que todavía queda de la independencia del Poder Judicial.
Y como si esto no fuera más que suficiente, los kirchneristas se las arreglaron para echar de la Comisión de Justicia de la Cámara de Diputados al díscolo socialista Rubén Giustiniani para que Cristina de Kirchner tomara su lugar, una maniobra que ocasionó tanto escándalo que los responsables de urdirla tuvieron que dar marcha atrás y reponerlo.
Puesto que el traspié del Gobierno en Diputados se produjo entre Navidad y el Año Nuevo, sería prematuro tomarlo por un punto de inflexión, por el momento en el que los reacios a tolerar un nuevo régimen hegemónico por fin lograran disciplinar a los Kirchner para que en adelante traten a sus adversarios con un mínimo de respeto. Como siempre ocurre en política, el poder eventual del oficialismo de turno se verá determinado menos por su propio apego a la democracia que por la capacidad de los demás para impedir que crucen ciertos límites.
En los países "normales", aquellos presidentes o primeros ministros que traten de extralimitarse serán refrenados por el oficialismo mismo por miedo a la reacción de la ciudadanía, pero en la Argentina aún son demasiados los de mentalidad caudillista que, si bien no lo confiesan, creen que lo que necesita el país es un "hombre fuerte", no instituciones menos precarias. La Argentina dista de ser una dictadura, pero la agresividad de Néstor y Cristina de Kirchner asusta tanto a los opositores que algunos sospechan que quieren crear un régimen similar a los del duce italiano Benito Mussolini y hasta del Führer teutón Adolf Hitler.
Según Elisa Carrió, la pareja presidencial es fascista, lo que, en vista de su entusiasmo por los montoneros, podría ser cierto. Comparte su opinión el ex mandatario Fernando de la Rúa que luego de ser blanco de una pesada broma presidencial aseveró que estamos en "los umbrales del fascismo". Por su parte, el ex diputado democristiano por Santa Fe, Alberto Natale, va más lejos aún: jura que lo que está ocurriendo se asemeja al "comienzo del nazismo" alemán cuando el régimen embestía contra sus presuntos enemigos "con intimidaciones, insultos, atacando a los medios de difusión y coartando la libertad de expresión". Como muchos otros, los tres temen que los Kirchner ya se hayan lanzado a una aventura autoritaria que con toda seguridad terminará muy mal, asestando al país una nueva frustración equiparable con la causada por el fracaso del gobierno de la Alianza radical-frepasista, aunque, con un toque de optimismo, prevén que en esta ocasión el desastre será más político que económico.
He aquí la razón por la que provocó tanto malestar la ofensiva furibunda de Cristina de Kirchner contra el casi invisible vicepresidente Daniel Scioli, a quien acusó, en pleno recinto del Senado, de montar operaciones de prensa con la intención de herirla. ¿Fue el inicio de un operativo destinado a desensillar a Scioli para que la primera ciudadana, ya erigida en dueña del Senado, se ubique pronto a la cabeza de la línea de sucesión presidencial? Tales sospechas distan de ser descabelladas.
Ya que en el fondo la Argentina peronista es una monarquía, aquí es normal que los jefes hagan del poder un bien de familia. Juan Domingo Perón se hizo acompañar por Isabelita. Para indignación de Zulema, Carlos Menem confió más en su hermano Eduardo. ¿Y los Kirchner? Todo hace pensar que procurarán respetar esta tradición familiera tan entrañable. De ser así, nos aguardan algunas batallas políticas memorables.
Por lo pronto, Scioli ha sobrevivido gracias a su perfil muy bajo, pero en vista de que no tiene nada en común con Kirchner y no puede simpatizar demasiado con su "proyecto", los deseosos de desplazarlo del nicho vicepresidencial continuarán en campaña. Si bien a Cristina de Kirchner no le falta idoneidad para las funciones que desempeña, el mero hecho de que sea la cónyuge del presidente de la República contribuye a enviciar el clima político.
Fue muy astuto trasladarla de Santa Cruz a su provincia natal de Buenos Aires para enfrentarse con la esposa de Eduardo Duhalde, pero esto no quiere decir que fue positivo para la maltrecha democracia nacional. En esta parte del mundo, el nepotismo es una enfermedad que es tan endémica como el sida en el África subsahariana, de suerte que para combatirlo un gobierno que se sintiera más comprometido con las instituciones que con los intereses personales tendría que sobreactuar, prohibiendo de forma tajante que los consortes, hijos, primos y así por el estilo de sus integrantes cumplan funciones oficiales significantes.Demás está decir que la posibilidad de que ello ocurra es nula.
Aquí, no es concebible que un presidente se abstenga de aprovechar su poder para entregar puestos clave a parientes cercanos. Tampoco lo es que otros -ministros, legisladores, gobernadores, intendentes, jueces- se resistan a la tentación de emularlos, como no pudo la ministra de Defensa Nilda Garré que hace algunos días convirtió a su hermano Raúl en el jefe de su gabinete de asesores. El pretexto es siempre el mismo. Con solemnidad, los nepotistas nos informan que tienen que privilegiar a los suyos porque son los únicos en quienes pueden confiar, actitud que nos dice todo cuanto necesitamos saber sobre el estado actual de la nada meritocrática cultura política nacional y sobre los recelos que sienten sus integrantes frente a aquellos que no pertenecen a su clan particular.
Si bien todos los "dirigentes" locales hablan con fluidez envidiable el lenguaje del igualitarismo, la verdad es que con escasas excepciones se manejan conforme a un código de valores que se parece más al vigente en Francia antes de la Revolución que en cualquier país democrático moderno. Es natural, pues que la Argentina esté entre los países más inequitativos del mundo y que a pesar de sus muchas ventajas no haya conseguido desarrollarse: siempre importarán mucho más los lazos familiares y los vínculos personales que la capacidad en una sociedad que se ve regenteada por una especie de nobleza de sangre sedienta de poder y de los bienes materiales que lo acompañan.
Por tratarse de un orden que, además de ser hipócrita e injusto, privilegia la mediocridad, los arreglos secretos, la corrupción y la irresponsabilidad, no es del todo sorprendente que haya alcanzado dimensiones tan asombrosas la brecha que se da entre el país que en efecto existe y lo que podría ser la Argentina si aprovechara el talento de una proporción mayor de sus habitantes. l
Por JAMES NEILSON, para la Revista Noticias del 4 de Enero de 2006
El grito sagrado como remedio para mecanismos democráticos débiles. Cuando la presión de la gente se pone por encima de las estructuras
Los entendidos llaman lo que está haciendo el gobierno del presidente Néstor Kirchner "el proyecto". Lo mismo que el malhadado "proceso" militar de los años setenta, se trata de una empresa retrógrada disfrazada de un intento de transformar la Argentina en un "país normal". Es de suponer que, al igual que los militares en aquella oportunidad, los kirchneristas toman en serio su propia retórica pero que, al darse cuenta de que reinventar el país no es tan fácil como imaginaban, se han convencido de que ha llegado la hora de aplastar o neutralizar los últimos focos de resistencia al "proyecto" que está en marcha.
Por cierto, desde las elecciones legislativas de octubre pasado en las que según sus propios cálculos el oficialismo se anotó el cuarenta por ciento de los votos, los kirchneristas ni siquiera se esfuerzan por ocultar sus ambiciones. Aún no dominan por completo el Congreso pero, con la ayuda de gobernadores provinciales que dependen de su relación con el presidente de turno, estarán en vías de lograrlo.
Aspiran a manejar la economía con arengas cuartelarias, acuerdos pactados en un clima de intimidación y, claro está, anuncios rimbombantes. Asimismo, avanzan sobre la Justicia con el propósito, dicen los muchos que temen al unicato, de avasallarla. Si bien nadie ignora que "el proyecto" kirchnerista está en una fase expansiva, experimentó un revés acaso pasajero al elegir sus diputados postergar el debate acerca de la reforma del Consejo de la Magistratura, aunque sólo fuera porque a raíz de las fiestas de fin de año no pudieron alcanzar el número que les hubiera permitido imponerse tal y como hicieron cuando era cuestión de colmar al Presidente de poderes de emergencia económicos.
Con todo, merced en buena medida a la combatividad de Cristina de Kirchner que quiere reducir de veinte a trece el número de miembros del Consejo, un cambio que según muchos facilitaría su virtual incorporación al oficialismo, además de los contras de siempre como Elisa Carrió se le opuso una multitud de agrupaciones conformadas por abogados y juristas, incluyendo a algunas que por lo común apoyan al gobierno, que vieron en la reforma propuesta un intento desvergonzado por poner fin a lo que todavía queda de la independencia del Poder Judicial.
Y como si esto no fuera más que suficiente, los kirchneristas se las arreglaron para echar de la Comisión de Justicia de la Cámara de Diputados al díscolo socialista Rubén Giustiniani para que Cristina de Kirchner tomara su lugar, una maniobra que ocasionó tanto escándalo que los responsables de urdirla tuvieron que dar marcha atrás y reponerlo.
Puesto que el traspié del Gobierno en Diputados se produjo entre Navidad y el Año Nuevo, sería prematuro tomarlo por un punto de inflexión, por el momento en el que los reacios a tolerar un nuevo régimen hegemónico por fin lograran disciplinar a los Kirchner para que en adelante traten a sus adversarios con un mínimo de respeto. Como siempre ocurre en política, el poder eventual del oficialismo de turno se verá determinado menos por su propio apego a la democracia que por la capacidad de los demás para impedir que crucen ciertos límites.
En los países "normales", aquellos presidentes o primeros ministros que traten de extralimitarse serán refrenados por el oficialismo mismo por miedo a la reacción de la ciudadanía, pero en la Argentina aún son demasiados los de mentalidad caudillista que, si bien no lo confiesan, creen que lo que necesita el país es un "hombre fuerte", no instituciones menos precarias. La Argentina dista de ser una dictadura, pero la agresividad de Néstor y Cristina de Kirchner asusta tanto a los opositores que algunos sospechan que quieren crear un régimen similar a los del duce italiano Benito Mussolini y hasta del Führer teutón Adolf Hitler.
Según Elisa Carrió, la pareja presidencial es fascista, lo que, en vista de su entusiasmo por los montoneros, podría ser cierto. Comparte su opinión el ex mandatario Fernando de la Rúa que luego de ser blanco de una pesada broma presidencial aseveró que estamos en "los umbrales del fascismo". Por su parte, el ex diputado democristiano por Santa Fe, Alberto Natale, va más lejos aún: jura que lo que está ocurriendo se asemeja al "comienzo del nazismo" alemán cuando el régimen embestía contra sus presuntos enemigos "con intimidaciones, insultos, atacando a los medios de difusión y coartando la libertad de expresión". Como muchos otros, los tres temen que los Kirchner ya se hayan lanzado a una aventura autoritaria que con toda seguridad terminará muy mal, asestando al país una nueva frustración equiparable con la causada por el fracaso del gobierno de la Alianza radical-frepasista, aunque, con un toque de optimismo, prevén que en esta ocasión el desastre será más político que económico.
He aquí la razón por la que provocó tanto malestar la ofensiva furibunda de Cristina de Kirchner contra el casi invisible vicepresidente Daniel Scioli, a quien acusó, en pleno recinto del Senado, de montar operaciones de prensa con la intención de herirla. ¿Fue el inicio de un operativo destinado a desensillar a Scioli para que la primera ciudadana, ya erigida en dueña del Senado, se ubique pronto a la cabeza de la línea de sucesión presidencial? Tales sospechas distan de ser descabelladas.
Ya que en el fondo la Argentina peronista es una monarquía, aquí es normal que los jefes hagan del poder un bien de familia. Juan Domingo Perón se hizo acompañar por Isabelita. Para indignación de Zulema, Carlos Menem confió más en su hermano Eduardo. ¿Y los Kirchner? Todo hace pensar que procurarán respetar esta tradición familiera tan entrañable. De ser así, nos aguardan algunas batallas políticas memorables.
Por lo pronto, Scioli ha sobrevivido gracias a su perfil muy bajo, pero en vista de que no tiene nada en común con Kirchner y no puede simpatizar demasiado con su "proyecto", los deseosos de desplazarlo del nicho vicepresidencial continuarán en campaña. Si bien a Cristina de Kirchner no le falta idoneidad para las funciones que desempeña, el mero hecho de que sea la cónyuge del presidente de la República contribuye a enviciar el clima político.
Fue muy astuto trasladarla de Santa Cruz a su provincia natal de Buenos Aires para enfrentarse con la esposa de Eduardo Duhalde, pero esto no quiere decir que fue positivo para la maltrecha democracia nacional. En esta parte del mundo, el nepotismo es una enfermedad que es tan endémica como el sida en el África subsahariana, de suerte que para combatirlo un gobierno que se sintiera más comprometido con las instituciones que con los intereses personales tendría que sobreactuar, prohibiendo de forma tajante que los consortes, hijos, primos y así por el estilo de sus integrantes cumplan funciones oficiales significantes.Demás está decir que la posibilidad de que ello ocurra es nula.
Aquí, no es concebible que un presidente se abstenga de aprovechar su poder para entregar puestos clave a parientes cercanos. Tampoco lo es que otros -ministros, legisladores, gobernadores, intendentes, jueces- se resistan a la tentación de emularlos, como no pudo la ministra de Defensa Nilda Garré que hace algunos días convirtió a su hermano Raúl en el jefe de su gabinete de asesores. El pretexto es siempre el mismo. Con solemnidad, los nepotistas nos informan que tienen que privilegiar a los suyos porque son los únicos en quienes pueden confiar, actitud que nos dice todo cuanto necesitamos saber sobre el estado actual de la nada meritocrática cultura política nacional y sobre los recelos que sienten sus integrantes frente a aquellos que no pertenecen a su clan particular.
Si bien todos los "dirigentes" locales hablan con fluidez envidiable el lenguaje del igualitarismo, la verdad es que con escasas excepciones se manejan conforme a un código de valores que se parece más al vigente en Francia antes de la Revolución que en cualquier país democrático moderno. Es natural, pues que la Argentina esté entre los países más inequitativos del mundo y que a pesar de sus muchas ventajas no haya conseguido desarrollarse: siempre importarán mucho más los lazos familiares y los vínculos personales que la capacidad en una sociedad que se ve regenteada por una especie de nobleza de sangre sedienta de poder y de los bienes materiales que lo acompañan.
Por tratarse de un orden que, además de ser hipócrita e injusto, privilegia la mediocridad, los arreglos secretos, la corrupción y la irresponsabilidad, no es del todo sorprendente que haya alcanzado dimensiones tan asombrosas la brecha que se da entre el país que en efecto existe y lo que podría ser la Argentina si aprovechara el talento de una proporción mayor de sus habitantes. l
Por JAMES NEILSON, para la Revista Noticias del 4 de Enero de 2006
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