jueves, noviembre 10, 2005

Combaten el hambre con 50 centavos por alumno; maestros rurales dicen que sólo alcanza para guiso.

Las estadísticas que maneja el Gobierno dicen que el país está mejor, que hay menos hambre. Pero para María Argentina Ovejero, maestra de la Escuela Rural N° 20 de Catamarca, el número que cuenta es otro: el 0,50. Medio peso diario per cápita. Ese es el dinero que le da el Estado por cada uno de sus alumnos para que les sirva desayuno y almuerzo. Las cifras son aún menos generosas con Gabriel Romero, a cargo de la Escuela N° 760, de Chaco. Tiene 38 chicos, pero recibe raciones sólo para 30. Son $ 346,50 por mes, mucho menos de lo que usaría una persona para comer en ese período. “No salimos del tradicional guiso”, dice Romero.

El argumento se repite en la mayoría de las fichas de la encuesta que realizó la Asociación de Padrinos de Alumnos y Escuelas Rurales (Apaer) y de la que participaron 300 maestros de todo el país. A tres años del punto más agudo de la crisis, guisos, fideos, pan, torta y mate son la base de la dieta del 73% de los chicos en edad escolar, de acuerdo con las respuestas de los docentes.

“Menos hambre hay –explica Sergio Britos, del Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil (Cesni)–, pero difícilmente estemos mejor que hace dos o tres años. Los programas alimentarios llenaron los estómagos de alimentos secos y calóricos, que aportan gran valor energético, pero que no solucionan la carencia de micronutrientes que presenta el 25 por ciento de los chicos argentinos." "Nos encontramos ante un alerta rojo nutricional que debe ser tenido en cuenta porque estamos desarrollando, en estas zonas rurales, una generación de niños físicamente débiles y con un bajo coeficiente intelectual", señala la introducción del informe de Apaer, que adjunta la serie completa de fichas de las encuestas.

LA NACION tuvo acceso a ellas y estandarizó las respuestas para obtener parámetros estadísticos. Sólo el 31,5% de los estudiantes come carne junto con hidratos de carbono. Y lo más llamativo: al ser consultados acerca de en qué consistía la dieta de los alumnos, apenas el 15,3 por ciento de los maestros señaló verduras y frutas, y únicamente el 7,2 por ciento mencionó alimentos como huevo, leche o sus derivados. (Los porcentajes no suman 100 porque era posible más de una respuesta).

LA NACION quiso consultar al ministro Ginés González García acerca de la situación que denuncian los docentes rurales. También si un chico puede acceder a una dieta equilibrada con 50 o 75 centavos diarios. Pero, a pesar de las reiteradas llamadas realizadas por LA NACION para conocer la opinión del funcionario, nunca fue posible hallarlo.

En noviembre de 2002, el hambre se cobró la vida de seis chiquitos tucumanos en menos de una semana. Se dijo entonces que uno de cada cinco niños argentinos estaba desnutrido. En realidad, la falta de datos estadísticos impidió conocer cuánto se agravó la situación a partir del estallido de la crisis. Además, desde 1993 está pendiente la encuesta nacional de nutrición. Las últimas mediciones de altura y peso indicaban por entonces que la desnutrición crónica (aquella que reduce la talla por la mala alimentación) afectaba entre el 12 %y el 13 % de los niños. La desnutrición aguda (el hambre, por decirlo de algún modo), a cerca del 3% de la población infantil.

En distintas oportunidades, durante el último año, González García anunció que los índices por conocerse en el país indicarán un descenso del índice de desnutrición infantil. Lo cierto es que, la Encuesta Nacional de Nutrición sólo comenzó a hacerse hace un año y en el Ministerio de Salud aseguran que los resultados estarán disponibles a fines de este mes. "Resulta muy llamativo que el país venga gastando recursos en programas alimentarios sin tener aún un diagnóstico certero del estado de la desnutrición", dijo a LA NACION Pablo Vinocour, coordinador del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

"Todavía subsiste la falsa idea de que pobreza es igual a hambre y, entonces, se entrega comida sin haber estudiado la situación real. A causa de los programas alimentarios extracalóricos e indiscriminados aparece la obesidad asociada a la pobreza", dijo Vinocour. La disminución de la talla promedio y la falta de desarrollo intelectual son algunas de las consecuencias que, a criterio del especialista del Cesni, aún no se han podido revertir.

La realidad que viven los maestros parece alejarse de los anuncios. Tan distante como ese largo camino que la mayoría debe transitar hasta el pueblo más cercano para recibir las porciones alimentarias o el dinero para la comida de los chicos. Periplo que - contaron muchos docentes- tienen que financiar por sus propios medios. Según la encuesta, entre los maestros que consideraron como deficiente la alimentación, el 60% mencionó casos de desnutrición en el aula.

Otra parte importante, el 23,6%, destacó que en el último tiempo había detectado problemas en el aprendizaje, relacionados con la mala alimentación. "El aprendizaje pasó a un segundo plano", apunta María Leiva Dedeheza, maestra de la escuela 577 de Santiago del Estero. "El apoyo oficial que recibimos es de $ 215 mensuales para 47 alumnos. Sólo alcanza para el mate cocido con leche y un pan para llegar a fin de mes. El resultado obtenido es positivo, ya que mejora la asistencia, pero perjudicial porque para muchos es el único alimento que reciben en el día", apunta Alfredo Cubillas, docente de la escuela N° 924 del Chaco.

Apaer es una ONG que canaliza ayuda hacia las escuelas rurales de todo el país. Quienes quieran conectarse con ella pueden hacerlo por el 4788-3009/5423. También por mail a apaer@fibertel.com.ar, info@apaer.org.ar o a su página de Internet www.apaer.org.ar

Por Evangelina Himitian De la Redacción de LA NACION
http://www.lanacion.com.ar/754781

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